Tus ideas cobran vida

Un Verano en el Hielo

Última noche en el campamento

20 de agosto de 2009

Mañana a las 14:00 horas viene el helicóptero a recogernos, pero como siga lloviendo vamos a tener que retirar las tiendas antes de tiempo. Es ya el último día en esta zona. Por la tarde, bajo la lluvia, recogemos y empaquetamos parte del material, todo completamente chorreando. Lo más delicado decidimos dejarlo para la madruga y la mañana siguiente, por si la lluvia nos diera una tregua y pudiéramos retirarlo sin tanto agua.

Arkhangelsk

Conectamos el teléfono satelitario por si tuviéramos algún aviso o noticia de última hora. Parece que sí y no es nada buena. Nuestros colegas rusos, con los que vamos a juntarnos al terminar el trabajo en esta zona para ir a los Urales, nos mandan un mensaje urgente. Parece que continúan los problemas con las sondas que mandaban directamente de la casa alemana que los fabrica hasta Arkhangelsk, ciudad rusa en las que nos juntaremos todos. Llevan retenidos en la aduana de San Petersburgo, más de 15 días. Habían pedido pagar una cuota que suponía la mitad del valor de los instrumentos. Cuando ya tenían eso, habían solicitado algunos documentos… y después otros y otros. Parecía el cuento de nunca acabar, recibían algo y pedían más…,¿hasta cuándo iba a durar todo aquello? Pero ahora el mensaje de nuestros amigos rusos no era nada alentador. Parecía que no se iban a poder recuperar de la aduana.

Última noche: todo mojado, lloviendo sin parar, sólo parte del material empaquetado y empapado, controlando cada poco el nivel de la laguna por si tenemos que evacuar rápidamente el campamento, preocupación por si el helicóptero no puede venir a recogernos al día siguiente por causa de la niebla, duda de si el espacio que el agua de la laguna va comiendo a la extensa zona llana de la laguna seca será suficiente para que el helicóptero baje, pensando cómo realizar mañana por la mañana la recogida del material que queda bajo la lluvia tratando de evitar que se moje lo menos posible… y para colmo, la última noticia recibida de Rusia que todo parece indicar que la expedición siguiente a los Urales va a quedar truncada por falta de las sondas para instalar.

Un sueño que no es sueño, un descanso que no es descanso y lo que parece una pesadilla no lo es, es la realidad. ¡A ver qué más sucede ahora!

Todo completamente mojado

20 de agosto de 2009

La contrapartida por haber tenido la suerte de ser espectadores en primera fila de esta crecida, es la mojadura continua, día tras día que no nos la podemos quitar de encima. No hay ya nada seco. La humedad nos invade. Somos nosotros los únicos que podemos –con el calor del cuerpo- ir secando la ropa un poco por dentro… Secarla, ¿Para qué?, al poco vuelve a estar otra vez mojada.Hielo goteando

Toca cocinar y comer de nuevo bajo el agua, por supuesto olvidarse del postre, suerte si podemos tomar una sopa o un arroz caliente. Acostarse rodeado de humedad, el saco está como mojado… no es que entre agua en las tiendas, pero es tan alta la humedad que penetra en todos los rincones y al condensarse va haciendo de las suyas.

La tienda que teníamos instalada junto a la estación, donde pudimos tener todo el material de la instalación mientras ésta duró y después pasamos a recoger el material para los aforos, hubo que desmontarla precipitadamente. El agua del río, al subir el nivel, estuvo a punto de inundarla y por tanto, llevársela corriente abajo.

Y a las tiendas del campamento… poco les faltó. Las habíamos ubicado donde otras veces, en una extensa laguna seca. Cuando comenzó a crecer el río, la laguna que hay justo antes del punto donde hemos instalado la estación, comenzó a subir de nivel. Cada vez más rápido. El último metro que subió velozmente, enrasó el nivel de agua de la laguna activa con el lecho de la antigua laguna seca, donde está nuestro campamento.

Lluvias intensas. Crecidas violentas del río

20 de agosto de 2009

Ártico, ríos y corrientes… Y todo quedó en un deseo. Fueron solamente dos días los que nos duran el buen tiempo. Comienzan primero las nubes a aparecer y van cubriéndonos el cielo azul con el que nos habían obsequiado estas últimas 48 horas. Después la niebla, la humedad, la lluvia intermitente… todavía miro al cielo cuando veo un poco de resplandor con el deseo de que vuelva a aparecer el azul celeste entre el gris que nos rodea.

En un par de días de la lluvia intermitente pasamos a la lluvia continua y cada vez más intensa. No hace frío, la temperatura durante las horas de más radiación alcanza los 4ºC. En estas condiciones la precipitación directa sobre el glaciar ayuda a fundir mucho más rápidamente el hielo. El río en el que trabajamos, que continua aumentando su caudal, nos va permitiendo aforar una serie de valores crecientes.

Pero la lluvia continúa día y noche, sin tregua alguna, y el caudal continúa subiendo y subiendo. Los ríos que provienen de los glaciares se vuelven muy torrenciales… imposible aforar. Se alcanzan tales caudales que no permiten la entrada en el agua, ni siquiera en la orilla.

Expertos en aforos con quienes trabajamos en la Patagonia Chilena, en la estación que tenemos en el glaciar Tyndall, dicen que no es aconsejable meterse a aforar por vadeo en un río con velocidades superiores a 4 metros por segundo y profundidades superiores a 1,20 metros, que habría que utilizar otras técnicas diferentes. Aunque –haciendo un poco el burro, hay que reconocerlo- hemos llegado en ocasiones a aforar superando esos límites, realmente no es aconsejable, es altamente peligroso y a punto está uno de ser arrastrado por la corriente.

Aquí con esta crecida dada la pendiente del valle, se alcanzan velocidades de 6 a 8 metros por segundo en profundidades del orden de metro y medio. ¡Impresionante! Aforar por vadeo es por tanto imposible, pero lo que sí nos ha permitido es poder hacer un interesante reportaje gráfico del fenómeno de esta crecida tan violenta. Los efectos de estas lluvias cálidas en los glaciares.

A pesar de que la rapidez de la crecida que interrumpió nuestros trabajos de aforos, hemos conseguido a lo largo de esta campaña una serie de valores de caudal intermedios y sobre todo mínimos –que son muy difíciles de obtener- que nos han permitido definir una curva de correlación con un elevado coeficiente de ajuste.

Una breve tregua en el tiempo

20 de agosto de 2009

Casi sin darnos cuenta, concentrados en el trabajo como estábamos, no éramos realmente conscientes del mal tiempo que nos había tocado durante todos estos días, hasta que una madrugada a las 4, el sol se abre paso con fuerza entre las nubes echándonos de los sacos de dormir. No se aguanta el calor en el interior de las tiendas de campaña.

¡Sí! Es entonces cuando nos damos cuenta que habíamos tenido tiempo bastante desapacible para estar todo el día a la intemperie: lluvia que en muchas ocasiones era agua-nieve o lluvia helada debido a las temperaturas más bien bajas, vientos fuertes que hacían descender la sensación térmica, nubes que cubrían completamente el cielo y bajaban de cota en numerosas ocasiones transformándose en una niebla que nos invadía completamente con su continua humedad.

Alguna vez como por arte de magia, se apartaba repentinamente la niebla, las nubes disminuían y nos ofrecían imágenes inolvidables del espectacular paisaje que nos rodea. Como lo conocemos muy bien de años anteriores, daba la sensación que caprichosamente se habían puesto de acuerdo todos los elementos naturales en esta ocasión, para ir enseñándonoslo poco a poco, como si se tratase de un cuadro que fuéramos desvelando pincelada a pincelada.Sol de medianoche en el Ártico

No es de extrañar que ese sol intenso que parecía había puesto la luz larga, te desvelara por completo y te hiciera salir de la tienda para mirar una y otra vez a todo tu alrededor. El cielo completamente azul, ni una sola nube… ¡parecía increíble!… poder ver el cuadro completo, encajando todas las pinceladas que sólo parcialmente habíamos podido contemplar durante los días anteriores.

En estas condiciones cambia por completo el trabajo y la vida en el campamento. Nos toca en plena campaña de aforos y se agradece por dos razones. Por un lado, el cambio de condiciones meteorológicas nos asegura un cambio seguro en el caudal del río, pues la respuesta de los glaciares va a ser diferente. Ese cambio de caudal nos ofrecerá diferentes valores para poder aforar y añadir así, alguno más a nuestra curva de ajuste o calibrado. Por otro lado, el buen tiempo se agradece también para poder quitarse el traje empapado después de cada aforo en el agua a casi a 0ºC y sentir cómo el sol te ayuda a entrar en calor más rápidamente.

Las esperas entre aforo y aforo son también más confortables, la vida en el campamento parece otra completamente diferente: cocinamos con tranquilidad sin que nos esté cayendo continuamente la lluvia encima, podemos permitirnos incluso el lujo de preparar un postre, un magnífico arroz con leche que nos espera metido entre la nieve cogiendo la temperatura idónea mientras comemos.

Las tiendas, el material, la ropa… todo se va secando. Pienso incluso que vamos a tener a partir de ahora ya buen tiempo… bueno, en realidad es un deseo. Pero lo espero tanto que creo que va a ser así en realidad y hago planes para los días que nos quedan en la zona. Poder combinar con los aforos unas buenas caminatas por las diferentes montañas que nos rodean, observando bien todos los glaciares que componen nuestra cuenca.

Sí, todo fue un deseo, sólo un deseo…

Campaña de aforos

20 de agosto de 2009

Nada más terminar la instalación de las sondas en la estación y sin demora alguna, dado lo importante que es conseguir una buena curva de ajuste, comenzamos nuestra campaña de aforos.

Tenemos suerte para empezar, no se trata de un valor muy alto de caudal y resulta más sencilla iniciar esta tarea. Al principio no conoces el lecho del río en la sección transversal seleccionada, tampoco sabes en qué partes hay más corriente o donde hay más dificultad para ubicar los pies en un lugar seguro sin resbalar… Después, una vez que has aforado un par de veces, ya conoces casi al milímetro la zona del río en la que estás midiendo.

Es muy importante concentrarse bien en lo que se está haciendo, fijar con seguridad la hélice en cada punto. Esta hélice está conectada a un contador y nos mide el número de vueltas que da en un tiempo determinado, según la velocidad del agua en cada punto de medición. Transformar el número de vueltas en velocidad lo hacemos rápidamente después, con un programa que he preparado y depende, claro está, de la hélice utilizada. Cada una tiene su algoritmo de calibración. Obtener el caudal con la velocidad, así como la integración de los caudales de todas las secciones para conocer el flujo total, es un cálculo sencillo y rápido una vez hemos metido todos los valores en el ordenador. Lo cual nos permite conocer casi al instante los valores de nuestra curva de ajuste que vamos definiendo, aforo tras aforo.

Van pasando los días y uno comienza a perder la noción del tiempo. Tener luz las 24 horas ayuda en este sentido. Lo que nos dirige es el trabajo que toca hacer en cada momento. Los primeros días se trataba de la instalación, ahora en la campaña de aforos es el río el que manda. Como necesitamos ese rango de medidas lo más variado y completo posible, el río se convierte en nuestro reloj. Es el responsable de definir una hora para comer, es el que nos indica cuándo hay que hacer largas veladas esperando un posible valor, o el que hace que tengamos que romper el sueño cuando más te está prestando, para ir a meterte –casi de repente- en el agua fría. Digo bien lo de meterse en el agua fría, porque con el traje seco que en realidad “no es seco”, a veces no sabes si llevas algo puesto encima o estás directamente en el agua. Es mejor no pensarlo. Te terminas acostumbrando.

El tiempo que empleamos en completar las mediciones de cada aforo en este río, suele estar en torno a la hora. Pero a pesar de la incomodidad de la mojadura tienes que concentrarte en lo que estás haciendo, en las mediciones, has de orientar bien la hélice para que la medida sea correcta, sujetarla con fuerza para que no se mueva de su sitio…, en fin, meterte de verdad en el trabajo. Cuando termina el aforo y sales del río es cuando te percatas del frío que tienes o de lo insensibles que te han quedado los pies y las manos… o el frío que se te ha metido hasta la médula de los huesos si te han tocado fuertes vientos.

Pero, como decía antes, te terminas acostumbrando. De hecho una de las veces, salía del río tan mojada y con tanto frío, que aproveché para darme un baño en esta agua de glaciares, a pesar de que se acercaba el final del día –con luz, pero poca radiación solar- y comenzaba casi a helar. Esto significa que nos hemos integrado completamente en la naturaleza donde estamos. Y me encanta en estos momentos ser consciente de lo poco que realmente se necesita para vivir y para ser feliz. ¡Qué lejos queda ya la vida de la ciudad, ese bullicio alocado que avanza a toda velocidad sin un rumbo claro!

¿Cómo medimos?

20 de agosto de 2009

Teniendo ya claro qué es lo que vamos a medir, nos preguntamos ahora, y ¿cómo medimos?
En ese punto seleccionado del río del que hablábamos antes, que recoge el agua proveniente del deshielo de los cinco glaciares, fue donde instalamos las sondas. Estos aparatos miden –de momento- nivel del río y temperatura del agua. Veamos ahora para qué.
Buscamos conocer la descarga glaciar, es decir, una vez seleccionado el río adecuado, conocer el caudal de ese río y registrar sus variaciones cada hora. Las sondas, decimos que nos miden nivel y nos van almacenando hora tras hora los valores de este parámetro. ¿Cómo conocemos el caudal en continuo? Tenemos que obtener en cada estación, lo que se llama la curva de ajuste o calibrado entre caudal y nivel, es decir, la función que nos permita definir la relación y el comportamiento de ambos parámetros. De esta manera, conociendo uno de ellos (nivel en nuestro caso), podemos calcular el seguno (caudal).
Centrémonos por tanto en obtener esa curva de ajuste. ¿Qué tenemos qué hacer? Para distintos valores de nivel –que están registrando las sondas- tenemos que medir el caudal en concreto que pasa por el río. Hay que hacer una curva lo más precisa posible. Para ello necesitamos el mayor rango de valores que podamos obtener: valores muy bajos que nos permitirán definir el comportamiento del río con poco caudal, valores altos y valores intermedios.
¡Perfecto! pero para un cierto nivel, ¿cómo calculamos el caudal? Aforando, es decir midiéndolo directamente. Nosotros trabajamos en ríos “manejables” en los que poder aforar por vadeo, metiéndonos en el río y midiendo la velocidad del agua.
Para ello seleccionamos una sección transversal del río y según su anchura y caudal trabajamos en secciones más pequeñas (de unos 25 a 50 cm. en los ríos en los que hasta ahora hemos trabajado). En este caso concreto tenemos una anchura de algo más de 6 metros y trabajamos en secciones de 50 cm. Para definir esas secciones de trabajo nos ayudamos de una cuerda marcada con las medidas fijadas de antemano e instalada transversalmente en el río en la zona seleccionada para aforar. En cada uno de esos tramos y a diferentes profundidades elegidas, medimos la velocidad del flujo del agua. De esta manera, sección (m2) por velocidad (m/s) nos da caudal (m3/s).
Resumiendo, obtenemos la curva de ajuste entre nivel y caudal mediante aforos directos en el río midiendo la velocidad en diferentes secciones y después sumando los valores en todas esas divisiones nos da el caudal total en el río para ese nivel marcado por la sonda. Generamos así la serie temporal de caudal, es decir, nuestra serie de descarga glaciar.
Entonces si conseguimos así la descarga glaciar… ¿por qué decíamos al principio que nuestras sondas miden también la temperatura del agua?, ¿para qué la necesitamos? Es un parámetro que hemos descubierto es esencial en estas regiones en las que trabajamos. Las sondas miden el nivel por presión de la lámina de agua del río. ¿Qué ocurre cuando en épocas invernales el río se hiela? Que la congelación del agua también genera valores de presión en la sonda.
Si estuviéramos en cada estación cada día y observásemos cuándo el río fluye y cuándo se ha congelado, no habría problema. Pero como eso no es posible, al medir la temperatura del agua, ésta nos indica con valores bajo cero cuándo no hay flujo y por tanto esos valores medidos se corresponden a procesos de congelación. Esto nos permite discriminar el proceso que nos interesa.

Momento de la expedición

Momento de la expedición

Cuenca Glaciar

17 de agosto de 2009

Primero seleccionamos lo que llamamos una cuenca glaciar. En regiones como la Antártida se trata de una parte de un inmenso casquete glaciar. En las regiones montañosas buscamos, si es posible, un solo glaciar y sino lo fuera, de varios como es este el caso.

El agua que se funde en el interior de los glaciares va buscando su camino, hasta que sale al exterior del mismo por el frente glaciar. Normalmente son varios ríos que atraviesan la morrena frontal, que no es otra cosa que todo el material sólido –piedras, tierra, envolviendo un núcleo de hielo- que va arrastrando el hielo al desplazarse lentamente y lo va depositando en su frente.

Toda esta agua que sale en el frente glaciar genera ríos que son muy variables en cuanto a su cauce se refiere. Decíamos que se abren paso entre las morrenas, que ya de por sí es material muy suelto e inestable debido a ese núcleo de hielo que tienen en su interior. Si a esto unimos las cuantías considerables y violentas de agua que pueden llevar según la época del año, fácilmente entenderemos la poca estabilidad del cauce de estos ríos en el frente glaciar. Suelen cambiar de posición de un año para otro, es probable que aparezcan nuevos cauces e incluso que algunos queden abandonados.

Paisaje Glaciar

Paisaje Glaciar

Por esta razón es tan importante, antes de montar una estación de medida, realizar una concisa y detallada exploración en una fase inicial. Seleccionar el glaciar o la cuenca que nos permita elegir un lugar donde todos los ríos del frente glaciar se unan en uno único y fijar un punto en ese cauce por donde el río pase año tras año. No es una tarea fácil y no siempre es posible.

Aquí trabajamos en los glaciares de la zona Este del Kebnekaise, que con sus 2114 metros sobre el nivel del mar (m.s.m) es el macizo más alto de Suecia. En este caso fue imposible seleccionar un solo glaciar como sería deseable. Cuando vinimos por primera vez en el 2006, teníamos la intención de trabajar solamente en el glaciar Stor. Pero fue imposible. Es un glaciar con un sistema de drenaje frontal formado por tres ríos con innumerables ramales. Es lo que se llama una red de Breided y no hay ningún punto en el que se junten todos los ríos. Se van incorporando, uno tras otro, a otro río mayor que recoge agua de una cuenca formada por cinco glaciares.

Así que nuestra primera idea tuvimos que cambiarla y seleccionar otra cuenca formada por estos cinco glaciares, con altitudes que oscilan entre los 1200 y los 1900 m.s.m. Hay una primera laguna que recoge el agua que drenan cuatro de ellos: el Sydöstra Kaskasatjäkka, el Sydvästra Kaskasatjäkka, el Sydöstra Kaskasapake y el Kebnepakte. Y posteriormente el quinto glaciar -el Isfalls- vierte sus aguas a una segunda laguna que se comunica con la primera. Es en la salida de esta segunda laguna –a una altitud de 1111 m.s.m.- donde medimos nosotros, antes de que se unan sucesivamente los ríos del Stor, glaciar del que hablábamos antes.

Estamos por tanto, trabajando con cinco glaciares. Es más difícil operar después con una cuenca de estas características, ya que hay que tener en cuenta bastantes factores más, pero fue la única posibilidad de trabajar en esta zona. Nuestro interés en tratar de instalar una estación de registro de descarga glaciar en esta región, era debido a la proximidad de la estación meteorológica de Tarfala, cuyos registros continuos se aproximan ya a los 70 años de antigüedad.

¿Por qué medimos la descarga glaciar?

17 de agosto de 2009

A 0º C podemos tener hielo y agua. Por encima de 0º C el hielo empieza a fundirse, pasando así de la fase sólida a la líquida. Esto es lo que ocurre también con el hielo de los glaciares. Cuando sube la temperatura, se funde. A esta fusión del hielo es a lo que llamamos en glaciología, descarga glaciar. Y en medir este parámetro es en lo que nos hemos especializado y centrado en GLACKMA.

Cuando en su día comenzamos a estudiar este fenómeno, observamos que la relación que existe entre estos parámetros –temperatura del aire y descarga glaciar- es muy directa. A un aumento de temperatura corresponde un aumento de la descarga glaciar y la misma estrecha relación se sigue cuando disminuye.

Así, nos hemos centrado en medir la evolución del calentamiento global, utilizando la descarga glaciar. Por esa razón, trabajamos en glaciares de ambos hemisferios y las estaciones de medida que ya tenemos y las que continuamos implementando, se ubican a diferentes latitudes de la Tierra.

Buscamos seguir esa evolución en ambas regiones polares de nuestro planeta y para ello no nos valen medidas puntuales, tenemos que establecer un registro continuo. De manera que en cada una de las estaciones, generamos lo que se llaman, series temporales con intervalos horarios. Es decir, la red de estaciones de GLACKMA está midiendo y registrando datos plurianuales de descarga glaciar, cada hora durante todos los días del año.

Y como a veces, que nos pregunta la gente: “¿qué duración tiene el proyecto?, ¿hasta cuándo vais a estar midiendo y generando esta información?” La respuesta es muy sencilla y solemos responder con otra pregunta: “¿hasta cuándo va a seguir el calentamiento global?”

 

Aforando

Aforando

Algunos efectos del calentamiento global. Mosquitos

17 de agosto de 2009

¡Vaya sorpresa! Aparece Torbjorn, un sueco amigo nuestro de hace tres años. También él se alegra de volver a vernos. “Otra vez aquí”, nos decimos casi a la vez. Es un experto en técnicas de montaña, escalada, alpinismo, seguridad, rescate e imparte muchas veces en esta zona, cursos de aprendizaje y perfeccionamiento a grupos reducidos. De hecho, comienza ahora con los preparativos de uno que tendrá lugar al poco de irnos nosotros de la zona.

Se asombra de la nueva estación que hemos instalado. “¡Es increíble!, ¡qué robusta!” Queda realmente sorprendido. Pasamos un rato largo hablando con él y me llama la atención una de las cosas que nos cuenta. Surge, comentándole nosotros la cantidad de mosquitos que habíamos encontrado este año en Nikkaluokta, donde dejamos el coche para coger el helicóptero.

Nos dice que en estos últimos años los gobernantes, en Suecia, estaban teniendo un grave problema. Hay muchas regiones habitadas en las que están apareciendo una gran cantidad de mosquitos. Verdaderas plagas que hacen casi imposible salir al exterior. Al parecer, debido al calentamiento global, los huevos están eclosionando mucho antes y se están generando plagas inmensas. Están preocupados y tratando de ver cómo los exterminan. Pero por el momento, no lo han conseguido.

Después de escucharle pienso que lo que nosotros encontramos en Nikkaluokta, no sería nada comparado con una plaga y sin embargo, qué incómodo era. Tras cinco minutos en el exterior, terminabas acribillado por todos los lados. Además traspasaban la ropa que llevabas encima… Había que olvidarse de ellos y evitar rascarse, por mucho escozor que sintieras.

Reinstalación de la estación de medida

17 de agosto de 2009
Proyecto Glackma

Proyecto Glackma

Comienza un nuevo día, en el que después de un buen descanso, se siente uno mucho mejor. La lluvia no golpea en la tienda de campaña, pero tampoco se nota la luminosidad del sol…, ¿cómo estará el día? Al abrir las cremalleras de la tienda compruebo que una niebla bastante densa invade todo. Una niebla muy húmeda…, bueno, hubiera deseado un día luminoso, pero esto es lo que nos ha tocado.
Después de un buen desayuno comenzamos montando la tercera tienda de campaña justo al lado del río donde vamos a reinstalar la estación de medida con las sondas que traemos. En sucesivos viajes vamos llevando todo el material de trabajo hasta dicha tienda. Ahí lo tendremos a mano y protegido del tiempo desapacible que nos acompaña.
No es poco el material que hemos traído para la instalación: 5 metros de barras de acero galvanizado para instalación –cortadas en varios tramos-, anclajes para los empalmes de las mismas, una treintena de parabolts, un surtido de abrazaderas de diferentes tamaños, perforadora de rotopercusión con batería (las rocas a perforar son ígneas, muy duras y abrasivas), 2 maletines completos de herramientas variadas, máquina atornilladota, tortillería variada para fijación del cable de las sondas, tubos protectores con tapas correspondientes para proteger los lectores, varias bolsas de bridas de plásticos y algunos complementos generales de instalación. Donde estamos, tenemos por fuerza, que ser autónomos, no nos puede faltar nada… un mínimo detalle y nos quedaría sin poder completar la instalación.
En esta expedición traemos cuatro sondas para medir nivel y algunos otros parámetros. Tienen CPU estanca para poder ser instalada en el fondo del río, batería de ión-litio que resiste bien a las bajas temperaturas invernales de la zona y cable especial con compensador de presión atmosférica para lecturas de nivel. Entre las cuatro sondas tienen un total de 54 metros de cable para poder conectar el lector, que quedará en el exterior del río. Son una generación más moderna de las sondas que teníamos instaladas anteriormente, tienen mayor precisión y han ampliado la memoria de almacenaje de datos: de 32 kb han pasado a 1 Mb. Esto último es fundamental para nosotros que trabajamos tan alejados y con logísticas muchas veces complicadas. Con las sondas antiguas de 32 kb, para obtener los registros horarios de las series temporales que generamos, tenían capacidad solamente para 14 meses. Eso nos creaba una gran servidumbre en el mantenimiento operativo de las estaciones, obligándonos a pasar por cada una de ellas todos los años. A partir de ahora, iremos poco a poco reinstalando la red de estaciones que tenemos en GLACKMA, con esta nueva generación de sondas.
Bueno, ya tenemos todo el material protegido en la tienda de campaña junto al río… y ahora, ¿qué? Instalar, instalar e instalar.
Son tres días continuos de trabajo, parando lo justito para comer y dormir, con dedicación exclusiva al montaje de la nueva estación de medida. ¿El tiempo que nos ha tocado? Muy desapacible: lluvia, niebla, agua-nieve, granizo y vientos fortísimos de 80 km/h con rachas que superan los 100 km/h. Estos son los elementos que se van alternando, uno tras otro, durante los tres días que duran nuestros trabajos de instalación.
Parte del montaje hay que hacerlo desde el agua, trabajando en el río, en el que tenemos una profundidad en torno al metro, en este momento. En eso sí hemos tenido suerte, debido a las bajas temperaturas de estos días el caudal en el río es bajo y podemos trabajar mucho más cómodamente, ya que la velocidad del agua – aún siendo rápida- nos lo permite.
He traído conmigo un traje seco para estrenar, hecho a medida por una conocida empresa especializada en equipos deportivos de buceo. No doy crédito a lo que ocurre… al traje le entra agua… ¡sí! Y se trata de agua con temperaturas que oscilan entre los 0,1ºC y los 4ºC. Horas y horas metida en el río con este traje hacen que pierda en numerosas ocasiones la sensibilidad en las piernas, sobre todo en los pies. ¡Es un verdadero fastidio que esto nos pase aquí, donde no tenemos otra solución más que continuar! Al salir del río, le sale agua por todas las costuras. Le empezamos a llamar la “regadera seca” en lugar del “traje seco”. Mejor tomárselo a risa.
Condiciones duras, pero el trabajo continuo como de hormiguitas nos permite conseguir lo que queremos. Nos ha quedado una magnífica y robusta estación de medida.
Estoy contenta con el manejo y soltura que he ido adquiriendo en este tipo de instalaciones. La base para este aprendizaje es de mi infancia y adolescencia, en la casa de campo de mis padres… y ahora, la he ido perfeccionando acomodándome a estas nuevas condiciones.
¡Qué satisfacción da el trabajo bien hecho!

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