AMR/OEI-AECID/DICYT Dos sencillas medidas higiénicas, el tratamiento del agua doméstica y el lavado de manos con jabón, ha permitido que la diarrea infantil se reducta, según diferentes señalan diferentes ensayos. En aquellos hogares en los que se trata el agua que se va a consumir, la diarrea en menores de cinco años se reduce entre el 30 y el 40%. El aseo permite que el porcentaje de niños de esas edades con diarrea e infecciones respiratorias se rebaje el 31 y el 24% respectivamente. Científicos de varios países ha analizado cómo se puede mejorar el fomento de estas prácticas en zonas rurales, a través de una investigación llevada a cabo en el interior de Guatemala.
El grupo de científicos evaluó el comportamiento y los efectos que tratar el agua que se utiliza en tareas domésticas y la costumbre de lavarse las manos pudo tener en zonas rurales de Guatemala donde antes no existían estos hábitos. Así,el equipo investigador realizó un estudio de cohorte transversal en 30 pueblos en los que se incluyeron 600 hogares y hasta 929 niños menores de cinco años. La mitad de las aldeas funcionó como grupo de control. Se trata de la primera intervención de este tipo para conocer los efectos de estas medidas higiénicas y los resultados muestran, entre otros parámetros, que los efectos en la salud infantil son coherentes con la aplicación de estas rutinas.
Entre octubre de 2003 y septiembre de 2006, Caritas y Catholic Relief Services, dos organizaciones no gubernamentales de origen católico, desarrollaron una campaña de fomento de hábitos saludables en 90 pueblos del oriente de Guatemala. Todas las aldeas recibieron un mismo tipo de intervención: por un lado, tratamiento de agua por ebullición, desinfección solar y cloración; por otro, formación en los hogares con niños de menos de tres años para asentar prácticas de lavado con jabón de forma regular. Según las encuestas de estas organizaciones, el 70% de los habitantes de estas zonas rurales adquirió estas rutinas higiénicas.
Seis meses después de que se produjera esa experiencia humanitaria, los científicos empezaron a medir los efectos de estas prácticas. Para ello, se establecieron en el municipio de Camotán (estado de Chiquimula, cerca de Honduras) y seleccionaron diferentes hogares en cada lugar donde se llevó a cabo la medida higiénica. Las encuestas reflejaron la actitud y el seguimiento de estos hábitos de los participantes. El porcentaje de personas que los mantenía se redujo del 70% al 37% al cabo de seis meses. La razón principal de las familias dieron para no tratar a sus aguas era que ya estaba limpia (48%), seguido de que era de mal gusto (14%), no interesaba (11%) y que no tenían tiempo (7%). Esto, a pesar de que el 85% de los hogares se mostraba satisfecho por beber agua de calidad. Respecto al uso del jabón, los resultados fueron diametralmente diferentes: permanecía utilizándose en el 90% de las casas.
Los expertos, procedentes de las universidades de Basilea (Suiza), y de California, Berkeley (Estados Unidos) y del Valle de Guatemala concluyen que estos datos "hallazgos resaltan la dificultad de lograr la adopción sostenida" de estos hábitos por lo que proponen "el futuro de la investigación en este sector debe centrarse en la identificación de las técnicas para mejorar y mantener el comportamiento de adopción" de estas medidas, según recogen en International Journal of Epidemiology.