Ciencia Ecuador , Galápagos, Miércoles, 06 de julio de 2016 a las 13:05

Batalla entre parásitos y polluelos en las Galápagos

Los mockingbirds resisten el daño de parásitos al desarrollar un mecanismo de defensa en los nidos: sus polluelos piden más comida y se alimentan mejor

UCM/DICYT Diferentes estudios han alertado de que los pinzones de Darwin –las aves que el naturalista inglés descubrió en las islas Galápagos en el siglo XIX– están disminuyendo por la presencia del parásito Philornis downsi. Esta mosca es una especie invasora en el archipiélago, al que llegó hace solo unas décadas. Los insectos adultos depositan sus huevos en los nidos de los pinzones y de otras aves, con lo que se aseguran que, cuando las larvas salgan de sus huevos, se alimenten de la sangre de los polluelos y de las madres.

 

Un equipo internacional de científicos, en el que participa la Universidad Complutense de Madrid (UCM), ha descubierto que los mockingbirds, especies de aves autóctonas como los pinzones, resisten los daños del parásito porque han desarrollado un mecanismo de defensa.

 

“Los mockingbirds parecen sufrir, en menor medida que los pinzones, las consecuencias negativas de este parasitismo porque tienen un mecanismo que les permite minimizar el daño que causa el insecto, en este caso, la pérdida de sangre”, explica Elena Arriero, investigadora del departamento de Zoología y Antropología Física de la UCM y coautora del trabajo, publicado en Ecology.

 

La estrategia de defensa se basa en que los polluelos piden más comida a sus progenitores. Al alimentarse mejor, desarrollan más defensas, minimizando el daño que les hace el parásito en su sangre, una estrategia que no siguen los pinzones.

 

“En ambas especies, los pollos creciendo en nidos infestados por el insecto pesaban menos que los pollos creciendo en nidos que habíamos fumigado”, comenta la bióloga.

 

“Sin embargo, los mockingbirds, al mostrarse más activos pidiendo comida y así recibir más alimento por parte de sus padres, son capaces de compensar el efecto negativo del parasitismo, de manera que sufren, en menor medida, las consecuencias de la infestación por estas moscas”, añade.

 

El estudio revela, por tanto, que los pinzones de las Galápagos son mucho más vulnerables al efecto de la infestación por P. downsi que los mockingbirds, lo que podría suponer para ellos un problema añadido.

 

Cámaras en los nidos

 

Los científicos, entre los que se incluyen investigadores de la Universidad de Utah (EEUU) y de la Universidad del Estado de Washington (EEUU), fumigaron algunos nidos de las dos especies con un spray con permetrina, un insecticida muy eficaz en el control de insectos.

 

La fumigación se produjo nada más nacer los primeros pollitos y el tratamiento se repitió de cuatro a seis días después. De esta forma, disminuyó el número de larvas que ya estaban en el nido listas para alimentarse de los pollos recién nacidos y se evitó la reinfección causada por nuevas moscas que depositaran sus huevos en el lugar.

 

Con la ayuda de cámaras de vídeo y pequeños dispositivos de grabación, los científicos grabaron lo que ocurría en los nidos, tanto en los fumigados como en los que contenían parásitos.

 

“Observamos que los pollitos de mockingbirds de nidos no fumigados pedían comida con más intensidad, y eso se traducía en mayor número de cebas por parte los padres, lo que, posiblemente, contribuya a minimizar el efecto negativo del parásito”, apunta la científica.

 

Aunque no resulta fácil predecir si el parásito será el responsable de la desaparición de algunas poblaciones de pinzones en las Galápagos, la investigadora recuerda que, en estos momentos, la larva ya está implicada en el declive de algunas especies de pinzones en peligro de extinción, como el pinzón del manglar.

 

Referencia bibliográfica 

 

Sarah A. Knutie, Jeb P. Owen, Sabrina M. McNew, Andrew W. Bartlow, Elena Arriero, Jordan M. Herman, Emily DiBlasi, Michael Thompson, Jennifer A.H. Koop y Dale H. Clayton. “Galápagos mockingbirds tolerate introduced parasites that affect Darwin's finches”, Ecology 97 (4), abril de 2016. DOI: 10.1890/15-0119.