Ciencia México Mexico DF, Distrito Federal, Lunes, 03 de marzo de 2008 a las 17:15

Biotecnólogos mexicanos desarrollan antídotos contra el veneno de serpiente para África

Se calcula que la población africana requiere entre uno y dos millones de dosis

JLO/CONACYT/DICYT A partir de la década de los ochenta, en África comenzó a gestarse un círculo vicioso que canceló la producción de antivenenos y, en consecuencia, propició el incremento de muertes por mordedura de serpiente, por ello es necesario reactivar la producción de antídotos eficientes y baratos. El doctor Roberto Pablo Stock Silberman, especialista del Instituto de Biotecnología (IBT) de la UNAM, y quien está trabajando en el desarrollo de un antiveneno para once especies de serpientes de la África Subsahariana, explica que la privatización de laboratorios estatales en aquel continente llevó a un paulatino descenso en la producción de antivenenos.

 

“Los antivenenos eran fabricados por institutos estatales sin fines de lucro que, al ser privatizados, dejaron de producirlos, pues no representaba un negocio, ya que los pacientes generalmente son campesinos pobres”. A esto debe añadirse que los antivenenos requerían mejoras, pues causaban efectos secundarios severos, esto implicaba una mayor inversión y el incremento de su costo, por tal motivo poco a poco dejaron de ser adquiridos por los sistemas de salud del continente.“Entonces –al no haber demanda– los fabricantes produjeron menos y, al vender menos, elevaron los precios para mantener los beneficios, esto llevó a una espiral descendente que terminó con la producción de antivenenos.”

 

De acuerdo con el especialista, a principios de los ochentas circulaba en todo el continente africano un cuarto de millón de dosis de antiveneno para serpiente; en la actualidad circula 10 veces menos, entre 20 mil y 25 mil dosis, pero se necesita entre 1 y 2 millones.

 

Por esta situación, el investigador señala que es necesario convertir el círculo vicioso en virtuoso, para lo cual es urgente producir antivenenos económicos que la gente pueda adquirir, lo cual propiciaría el alza en la demanda y el incremento de la producción de antídotos, que al venderse más bajarían sus precios. “Este es un proceso que puede tardar años, pero con él puede revertirse la tendencia que llevó al desabastecimiento actual de antivenenos en África".

 

En 2003, el Instituto Biolcón, filial de Laboratorios Silanes, y la UNAM realizaron un encuentro de expertos para debatir el tema del envenenamiento por animales ponzoñosos, en dicho evento, Jean-Philippe Chippaux, médico francés que ha vivido más de 40 años en África, planteó a ambas instancias trabajar en un antiveneno para el continente negro. Como resultado de esa invitación, Roberto Stock viajó en 2004 y 2005 a África para trabajar junto con el médico francés en la recolección y recopilación de los datos epidemiológicos sobre las mordeduras más frecuentes de serpientes en el África Subsahariana. Con dicha información, se decidió ensayar la producción de un antiveneno contra once serpientes distintas: cuatro cobras, dos mambas y cinco especies de víbora.

 

“La primera etapa consistió en compilar los datos epidemiológicos para ver qué tipo de antiveneno queríamos hacer, su potencia y contra qué especies; la segunda, fue la producción de los primeros lotes y, la tercera, consistió en demostrar que el antiveneno funcionaba, lo cual hicimos mediante un estudio clínico”. El estudio clínico se realizó en la República de Benín, un pequeño país de África Occidental, con 300 pacientes, aproximadamente, de los cuales fallecieron sólo nueve.

 

“La mortalidad histórica para la región va de 10 hasta 25%, sin tratamiento, por tanto podemos concluir que el antiveneno puede salvar a 70% de quienes sufren una mordedura, en particular de la serpiente Echis ocellatus, la más importante de la región, en términos del número de accidentes que ocasiona”.

Para el estudio clínico se utilizaron, por paciente, un promedio de cuatro dosis del antiveneno, el cual es un polvo liofilizado que se disuelve en 10 mililitros de solución salina.

 

Antídoto en polvo

 

“Esta es otra de las virtudes del antiveneno, que es un polvo liofilizado, y por ello no requiere de refrigeración, lo cual está muy bien, pues en África encontrar refrigeradores o electricidad es muy difícil.”

Durante el estudio clínico se suministró como primera dosis dos frascos del antiveneno por paciente y hasta 6 frascos si su estado no mejoraba. “Cuando un paciente está envenenado, por lo menos en África, lo común es que sangre; en ese caso aplicamos dos frascos de antiveneno como primera dosis y encontramos que al menos 9 de cada 10 personas dejaban de sangrar, mientras el resto, al cabo de 6 horas, presentaban otra vez una hemorragia, en ese caso aplicábamos otro frasco de antiveneno.”

 

“Esto es lo que llamamos protocolo de tratamiento y consiste en establecer cuándo se decide darle más antiveneno a un paciente o cuándo esperar antes de darle más. Esta metodología está siendo refinada.” Respecto a las reacciones secundarias del antiveneno, el investigador universitario comentó que éstas son irrelevantes y muy leves (como urticaria) y se presentan en un pequeño porcentaje (4-10%) de los pacientes.

 

El costo estimado del antiveneno, según el especialista, podría alcanzar hasta 15 dólares en el sistema público de salud, el equivalente a 150 o 200 pesos, lo cual todavía es mucho dinero para África, pero no es una cifra impagable.