Science Spain Salamanca, Monday, October 05 of 2009, 16:31

Buscan optimizar el proceso de transformación del aceite de cocina usado en biocombustible

Investigadores del Departamento de Ingeniería Química y Textil de la Universidad de Salamanca usan por primera vez enzimas como catalizadores

José Pichel Andrés/DICYT Un equipo de investigación del Departamento de Ingeniería Química y Textil de la Universidad de Salamanca trabaja en la transformación de aceites vegetales en biocombustibles. En concreto, en la actualidad desarrollan un nuevo sistema para que el aceite de cocina usado se convierta en biodiésel. La propuesta, que sale un trabajo de investigación conjunto con la Universidad de Vigo, propone por primera vez usar enzimas como catalizadores del proceso de transformación.

 

El proyecto tiene varios fines y uno de los más importantes es contribuir a “buscar una alternativa a los combustibles fósiles, porque se están acabando y contaminan mucho, debido a que contienen mucho azufre”. Además, “queremos eliminar el problema que supone el vertido de un residuo tan tóxico como el aceite”, apunta María del Carmen Márquez Moreno. En este momento, sólo el 20% del aceite usado se está recuperando, lo que quiere decir se vierten al medio ambiente millones de toneladas. Y todo ello a pesar de que el aceite de cocina “es más fácil de transformar”, asegura la experta, “porque el resto de los aceites están más degradados y llevan más impurezas, incluidos metales”.

 

Para la transformación en biocombustible, los científicos salmantinos proponen un tratamiento que utiliza como catalizador las enzimas, “porque nos permite trabajar en unas condiciones menos drásticas de operación y el producto se obtiene más limpio”, afirma.

 

El proceso de transformación consiste en hacer reaccionar el aceite con un alcohol en presencia de un catalizador. Los catalizadores que se venían usando hasta ahora eran bases como el hidróxido sódico (NaOH). El problema que tiene esto es que, “además de que las condiciones de operación son más drásticas, si hay agua se produce jabón”, explica Márquez Moreno. En esta operación, se obtienen biodiésel y glicerina, “pero este producto va a salir contaminado con hidróxido sódico y jabón, y el proceso de separación y limpieza es complicado”. Sin embargo, con las enzimas el proceso es más económico, porque las condiciones de operación son más bajas, menor temperatura y presión, y el producto no sale contaminado, por lo que la separación es más fácil.

 

Ventajas

 

Además, hay que tener en cuenta que el biodiésel realizado a partir de aceites usados presenta ciertas ventajas frente al que se puede obtener directamente, como el hecho de no tener que transformar el paisaje agrícola realizando nuevas plantaciones o provocando una subida de precios de un determinado producto alimenticio porque se le vaya a dar un uso nuevo que provoque su escasez en el mercado.

 

El trabajo de los científicos se centra en ir modificando las condiciones para optimizar el proceso. Aunque los objetivos de buscar una vía para la eliminación de residuos y sustituir los combustibles fósiles son compartidos por muchos investigadores, la mayoría de los proyectos se localizan fuera de España y en la mayoría de los casos, usan aceites limpios. “Algunos usan aceites usados y como catalizador el hidróxido sódico o similares, mientras que otros investigan con aceites limpios y enzimas, pero lo novedoso es apostar por el aceite usado y las enzimas, sobre todo, porque los aceites usados “tienen características diferentes, proceso de calentamiento, sus estructuras cambian y tienen suciedad”.

 

Las nuevas normal exigen soluciones para el aceite 
 
Los investigadores de la Universidad de Salamanca se han aliado con otro proyecto innovador salmantino: la cooperativa Porsiete, que se dedica a recoger aceite de cocina usado. De hecho, cualquier proyecto en este sentido tiene a la legislación de su parte, puesto que el contenido en azufre de los combustibles tiene que reducirse a 10 partes por millón (ppm), 35 veces menos que hace pocos años. “Esto lo conseguimos con los biodiésel, porque el aceite vegetal no tiene azufre”, comenta María del Carmen Márquez. Además, la ley también exige llegar hasta el 10% en la proporción de biocarburantes que se han de utilizar en el año 2020. Y un dato más es que el Plan Nacional de Residuos prevé que a partir de 2015 el 90% de los aceites vegetales deben reciclarse, un objetivo aún lejano, puesto que en la actualidad se ronda el 20%. En cualquier caso, el respeto al medio ambiente y la innovación parecen apuntar en la misma dirección.