JPA/DICYT Algunos dicen que nos van a cambiar la vida dentro de muy pocos años. Los robots están llamados a protagonizar la próxima revolución tecnológica, pero algunos iniciados no se dejarán sorprender, porque sabrán cómo funcionan, cómo son programados por el ser humano, qué engranajes se esconden detrás la fascinante automatización de una máquina. Entre ellos estarán los jóvenes y los no tan jóvenes que se acercan a los talleres que organiza el Centro Internacional de Tecnologías Avanzadas (CITA) de la Fundación Germán Sánchez Ruipérez en su sede de Peñaranda de Bracamonte (Salamanca).
Esta localidad de menos de 7.000 habitantes está llena de expertos en robots, porque desde que en noviembre de 2006 se pusieran en marcha los Talleres NXT más de 160 personas de todas las edades, aunque sobre todo jóvenes, han aprendido los conceptos fundamentales para construir sus propios robots. “Para aprender robótica hace falta aprender muchas cosas: matemáticas, mecánica, programación...”, relata el principal artífice del éxito de la iniciativa, el informático peñarandino Román Ontiyuelos. Eso sí, sin dejar de lado la creatividad, asegura.
En definitiva, el objetivo es “fomentar la Ciencia entre los chavales”, que son capaces de desenvolverse a la perfección con materias “duras” como las matemáticas si necesitan hacer una ecuación para calcular cuántos centímetros se tiene que desplazar un robot. Acercarlos a distintas ramas científicas de una forma tan divertida es efectivo, afirma, porque aprenden conceptos de alto nivel casi sin darse cuenta.
Una revolución en el horizonte
“Al igual que ha habido una explosión de la informática y de internet y vamos a cualquier lado y todo funciona con ordenadores, vendrá una revolución en el campo de la robótica cuando sea barata”, asegura. El hecho de que muchas personas se hayan formado en este campo “les ayudará a afrontarlo sin complejos”, añade. Los robots que ya se utilizan, por ejemplo, para construir coches en las cadenas de montajes se extenderán y “nos facilitarán la vida”.
Con estas perspectivas es lógico pensar que actividades como éstas despiertan vocaciones científicas. Más si se piensa en los apasionantes retos que se plantean. Como ejemplo, el taller actual, Planeta Rojo NXT, en el que se propone a los participantes diseñar, construir y programar un robot que realice misiones para explorar la superficie de un nuevo planeta. Para ello, los chicos manejan sensores de color y tecnología bluetooth. Además, los robots del CITA siempre están abiertos a la sociedad, con multitud de eventos (exposiciones, charlas, documentales, exhibiciones...) en http://robotica.citafgsr.org/.
¿Aún nos preguntamos si los robots son el futuro? Pues resulta que no, son el presente, y no están en manos de ingenieros de la NASA, sino de escolares entusiastas armados de curiosidad. Ellos sí son el futuro.