Ciencia España León, León, Miércoles, 17 de octubre de 2007 a las 16:35

Científicos leoneses utilizan líquenes como indicadores de la calidad del aire en zonas con centrales térmicas

Según los resultados de su investigación, en poblaciones como Santo Tomás de las Ollas (Ponferrada) los líquenes se deterioran "de forma muy rápida"

Isidoro García Cano/DICYT Los líquenes son los primeros afectados por los cambios en la calidad del aire. La precariedad de esta simbiosis entre alga y hongo les hace muy sensibles a la contaminación atmosférica. Basándose en este principio, científicos de la Universidad de León realizan un seguimiento de los líquenes que viven en el entorno de siete centrales térmicas del noroeste español para medir a través de ellos la contaminación del aire.

En concreto, el equipo de investigadores leonés realiza un seguimiento continuo desde el año 2000 de los líquenes de las centrales térmicas de Anllares, Compostilla y La Robla (León); Narcea, Lada y Soto de Ribera (Asturias); y Guardo (Palencia). Estas centrales se sitúan en una estrecha franja geográfica, por lo que se produce una “concentración importante de la emisión de contaminante”, comenta a DICYT Arsenio Terrón Alfonso, profesor de Botánica y coordinador del estudio. Los elementos más perjudiciales son el dióxido de azufre (S02) y los óxidos de nitrógeno (NOx).

Los líquenes son unos seres vivos muy primitivos. Constituyen una simbiosis de alga y hongo cuyos nexos de unión son tan precarios que el más mínimo problema los desestabiliza. “Por eso son tan sensibles a los cambios en la calidad del aire”, apunta Terrón. Otra característica que les convierte en buenos indicadores de la contaminación es que crecen muy despacio y son muy longevos (pueden alcanzar 50 años de vida), con lo que se pueden ver los cambios que producen las alteraciones en las condiciones ambientales.

 

Muerte en quince semanas

Los científicos de la Universidad de León utilizan los líquenes de dos formas. Por un lado observan qué especies de líquenes están presentes en el entorno de cada central, en qué cantidad (biomasa) y en qué estado de deterioro se encuentran, midiendo la alteración en una escala. Por otra parte, el equipo coordinado por Terrón transplanta líquenes de zonas de gran pureza ambiental a zonas cercanas a centrales térmicas para comprobar su evolución. Las especies utilizadas son Parmelia sulfata y Evernia prunastri (para las zonas de León y Palencia), así como Parmelia caperata (en Asturias).

Cada tres meses se observan las condiciones del transplante, se toman muestras y se analiza en laboratorio la fluorescencia de la clorofila, un indicador de su fotosíntesis (su capacidad de elaborar materia orgánica) que refleja la vitalidad del líquen. “Si las condiciones del sitio no están muy alteradas, el líquen no sufre daño al transplantarlo. Sigue viviendo hasta seis o siete años sin perder vitalidad. Sin embargo otros, antes de las quince semanas están muertos”.

 

Localidades de León y Asturias

Este estudio ha detectado localidades donde el nivel de deterioro de los líquenes ha sido “muy rápido y muy agresivo”, según Terrón. En Santo Tomás de las Hoyas, localidad próxima a Ponferrada, “hemos tenido muestras que no han alcanzado las 15 ó 16 semanas vivas”. Algo similar se ha observado también en Vivares y Villa Nueva, dos pueblos asturianos del entorno de la central de Narcea.

 

“Los síntomas que presentan los líquenes sólo se pueden explicar si el grado de contaminación del entorno es muy elevado, si no durante todo el año sí al menos en momentos puntuales”, declara el coordinador del estudio. En su opinión, estos niveles “no son adecuados para la población”, sobre todo para niños y ancianos, pero lo cierto es que respetan los límites que marca la legislación vigente que están establecidos en unas cifras, “bastante más elevadas de las que afectan a los líquenes”.

 

Límites legales

“A nosotros no nos preocupa qué les pasa a los líquenes, sino qué nos puede pasar a nosotros cuando los líquenes ya están muy mal”, opina Arsenio Terrón. Esta preocupación empieza a estar también en las industrias, ya que Fenosa, propietaria de la central de La Robla, ha utilizado estos estudios (entre otros) para saber científicamente qué pasa en el entorno de sus centrales. Sin embargo, según Terrón, "esto no se ha traducido en medidas concretas porque el nivel de contaminantes emitidos no sobrepasa las exigencias legales actuales”.

 

Estudios para relacionar contaminación y salud
Según Arsenio Terrón, coordinador del estudio de líquenes como indicadores de la calidad del aire en zonas con centrales térmicas, no hay demasiados estudios que muestren la incidencia de enfermedades relacionadas con la contaminación en estas zonas, si bien en Ponferrada un estudio determinó porcentajes de asma ligeramente superiores a lo esperado.
En Italia sí se hizo una investigación en este sentido, concretamente en la región del Veneto (alrededores de Venecia), que relacionó la calidad del aire (determinada usando líquenes) y la prevalencia de cáncer de pulmón. Los resultados fueron espectaculares: “Había una coincidencia de entre un 80 y 90 por ciento entre la información sobre contaminación que ofrecía el estudio de líquenes y los datos de incidencia de cáncer del Ministerio de Sanidad italiano”, comenta Terrón.