Ciencia Costa Rica , Costa Rica, Viernes, 23 de octubre de 2015 a las 10:36

Cocodrilos y comunidades cercanas al río Tempisque, una convivencia peligrosa

Investigadores de la Universidad Nacional caracterizaron el paisaje del hábitat del cocodrilo para la identificación de zonas con riesgo de ataques

UNA/DICYT Investigadores de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional (UNA) realizaron un estudio en las comunidades cercanas al río Tempisque, donde determinaron que los pobladores reconocen que el cocodrilo es una especie abundante pero “asumen el riesgo” de realizar actividades dentro su hábitat.


El Tempisque es el tercer río más grande de Costa Rica, conocido también por albergar una de las mayores poblaciones de cocodrilos del país y que estuvo amenazada durante décadas por la caza ilegal; sin embargo, en los últimos 15 años, hay evidencia que indica que las poblaciones se han triplicado a pesar del crecimiento urbano y el avance de la frontera agrícola, lo que genera una mayor interacción entre los humanos y los cocodrilos. Desde 1995, en Costa Rica se reportaron 13 accidentes mortales, siete de ellos en los últimos cinco años, además de 15 no fatales, 8 en el último quinquenio.

 

De enero de 2013 a diciembre de 2014, Iván Sandoval y Alejandro Durán, investigadores de la Escuela de Ciencias Biológicas de la Universidad Nacional (UNA), realizaron el estudio “Caracterización del paisaje del hábitat del cocodrilo para la identificación de zonas con riesgo de ataques a las comunidades aledañas al río Tempisque”, donde se incluyeron 11 comunidades, entre ellas, Guardia, Comunidad, Palmira, Filadelfia, La Guinea, Belén, Bebedero, Río Cañas y Ortega, entre otras.

 

El estudio demuestra que los cambios hacia una mayor cobertura forestal, así como una extensa red de drenaje y vastas zonas de inundación, permiten que los cocodrilos se movilicen a través de prácticamente toda la zona analizada.

 

“Aunque los habitantes encuestados de estas comunidades reconocen que el cocodrilo es una especie abundante (55%), realizan actividades directamente en el hábitat del animal: pesca artesanal (30%), nadar (20%), navegación o transporte (8%) y recreación (17%); paradójicamente, al consultárseles sobre las precauciones para evitar ataques, el 58% menciona el no acercarse a los ríos, 16% dice evitar los lugares donde viven los cocodrilos, y un 11% dice tener cuidado, entre otros”, explica Sandoval.

 

De acuerdo con esta investigación, en las comunidades vecinas al río Tempisque, casi el 82% de las personas encuestadas tiene la visión de que los cocodrilos son animales peligrosos y agresivos y que sus poblaciones son muy abundantes. “Nos preocupa que en cada uno de estos enfrentamientos, los residentes han demostrado desconocimiento en cuanto a las características, ecología e historia natural de este animal.

 

Los residentes tienden a subestimar el peligro, principalmente durante la temporada de reproducción; desconocen el riesgo involucrado en actividades como la natación, pesca, o lavar ropa en o cerca de los márgenes del río, porque prevalece la necesidad económica y por ello están dispuestos a aceptar el riesgo”, detalló el investigador.

 

De cuidado

 

Según Sandoval, si bien ha aumentado la población de cocodrilos, también hay un incremento en el desarrollo urbano, y por eso es común ver cocodrilos deambulando desde grandes ríos hasta en hábitat de menor calidad, como canales de riego de cultivos, arroyos, estanques y lagunas cercanas a asentamientos humanos, razón por la cual la población percibe un aumento en el número de individuos, ya que existe mayor cercanía con sus zonas de distribución.

 

“No existe en las comunidades una noción clara de las medidas de precaución que deben tomarse para evitar un incidente con un cocodrilo, según la valoración de riesgo realizada se considera que todas las comunidades estudiadas son vulnerables a la presencia de cocodrilos. A nivel general, la percepción de la población hacia el cocodrilo es que es un animal agresivo y violento que debe ser erradicado del ecosistema”, dijo Sandoval.

 

Como parte del estudio se desarrollaron talleres con las escuelas de Bebedero, Ortega, El Roblar y Bolsón con más de un centenar de estudiantes, quienes demostraron tener un alto conocimiento de la especie y su importancia, pero no de su comportamiento, al igual que la población en general, la percepción hacia este animal es desfavorable.

 

Dentro de las recomendaciones, los biólogos mencionan que se gestione un plan de manejo permanente de la especie en la zona, que involucre a las comunidades aledañas a los ríos Tempisque y Bebedero, un monitoreo al menos cada dos años de la población de cocodrilos en la cuenca del río Tempisque y considerar el hábitat del cocodrilo y la densidad poblacional en la formulación de actividades en las márgenes y el río.

 

“Es indispensable involucrar a otras instituciones como el Ministerio de Ambiente, el Instituto Costarricense de Turismo, las municipalidades, el Ministerio de Educación Pública, cámaras hoteleras y el Instituto Nacional de Aprendizaje, entre otras, en planes de manejo y talleres de educación ambiental permanentes en las escuelas, y en distintas poblaciones dirigidos a jóvenes y adultos, con el objetivo de sensibilizar a los pobladores y establecer una convivencia armoniosa con el animal”, puntualizó el investigador.