Ciencia España , Salamanca, Viernes, 19 de diciembre de 2003 a las 12:24

El banco de tumores de Castilla León comenzará a funcionar en enero

Recibirá muestras de los hospitales de Burgos, León, Salamanca, Valladolid y Miranda de Ebro

Ana Victoria Pérez/DICYT El banco de tumores de Castilla León, dependiente del Centro de Investigación del Cáncer (CIC) de Salamanca, comenzará a funcionar el próximo mes de enero, según ha confirmado a DICYT su director, Enrique de Álava. En una primera fase trabajará con los hospitales de cuatro de las nueve provincias de la región, y sus responsables se encargarán de coordinar, almacenar, analizar y proveer a investigadores de toda España de muestras de tumores para completar sus investigaciones.

Al proyecto se han unido cinco hospitales de la región que cuentan con la infraestructura necesaria para respetar los protocolos de extracción y tratamiento de tejidos. Con su participación estarán representadas las provincias de Burgos, Salamanca, Valladolid y León, a las que en el plazo de un año se unirá Ávila a través del Hospital Nuestra Señora de Sonsoles. Según el director del banco, el investigador Enrique de Álava, "vamos a convertirnos en un complemento al diagnóstico tradicional del cáncer, el que se realiza con técnicas de patología convencionales, función para la que se han creado los 25 centros que ya existen en España destinados al registro y almacenamiento de estas muestras".
Además, el banco servirá para realizar estudios retrospectivos de determinados tipos de cáncer, para apoyar la investigación o mejorar el pronóstico e incluso facilitará a los médicos que se encuentran en contacto directo con los pacientes el conocimiento del tratamiento que puede funcionar mejor en momentos específicos.

La diferencia entre un centro de estas características y el registro de tumores que se realiza habitualmente en un hospital es que el banco cuenta con la infraestructura necesaria para conservar muestras físicas de los tumores, bien sean tejidos, bien células, fluídos como la sangre o partes de estas células, como su ADN o su ARN. 

Con  el consentimiento del paciente

El archivo se alimenta con los tejidos que le proporcionan los hospitales, generalmente con el sobrante de las muestras que le toman los patólogos a un paciente para realizar un diagnóstico convencional. Únicamente se seleccionan aquellas muestras que se encuentran en buen estado y son susceptibles de ser utilizadas en una investigación posterior. Esta cesión requiere el consentimiento informado del paciente, que conoce cuál va a ser el destino de parte del tejido que se le extrae cuando se le realiza una biopsia. Junto con las muestras de tejido tumoral se guardan también fragmentos de tejido sano, para poder comparar posteriormente si la manera en la que se expresan los genes es idéntica en ambos casos o si existen mutaciones.
Las muestras se trasladan rápidamente al banco de tumores para evitar la degradación de las moléculas que componen estos tejidos. Una vez allí se tipifican, catalogan e incluyen en la base de datos. La conservación puede realizarse utilizando diversas técnicas: bien congelando los tejidos a una temperatura de menos 80 grados centrígrados (-80º) bien conservándolos en bloques de parafina. También se utilizan tanques de nitrógeno líquido para preservar las muestras, donde permanecen a menos 196 grados (-196º).

Tal y como advierte Enrique de Álava "uno de los factores más importantes a la hora de contar con un archivo de calidad es decidir qué debemos incluir, algo que en el caso del banco de tumores del CIC se resuelve destinando la mitad del espacio a tumores comunes y la otra mitad a tumores poco frecuentes". La creación de una red regional de bancos de tumores será vital para favorecer el avance de la investigación contra el cáncer, ya que permite a los investigadores disponer de una cantidad mayor de muestras con las que trabajar.


 

El diagnóstico molecular

Uno de los proyectos que se desarrollará paralelamente al banco de tumores es la creación de un laboratorio de diagnóstico molecular, en el que se complementan las técnicas de diagnóstico habitual de tumores con otras que inciden en el estudio de las variaciones moleculares que se detectan en algunos tipos de tumores. Para ello se utilizan técnicas relacionadas con genómica y proteómica, que permiten identificar moléculas presentes en cualquier célula del organismo y detectar si se producen deficiencias en el proceso de transmisión de información genética en el que algunas de ellas están implicadas. Un fallo en este sistema puede suponer una mutación que puede dar lugar a determinados tipos de cáncer.
Identificar estas moléculas puede ser vital para conocer el mecanismo por el que se producen las mutaciones. Se trata de determinar la predisposición que tienen los individuos en los que se registran estas alteraciones genéticas para poder anticiparse en la detección del tumor y en su tratamiento. El banco de tumores se convierte de esta manera en el eslabón que enlaza la investigación básica con las aplicaciones clínicas.