AMR/OEI-AECID/DICYT Que una perra preñada manifieste o no la presencia en leishmaniasis no es una prueba suficiente para saber si la enfermedad pueda saltar a sus descendientes. Una investigación de la Universidad Nacional de Asunción ha determinado, a través de un experimento con perras callejeras preñadas, que el estado clínico (sintomático o asintomático) no es significativo para conocer su capacidad de infección directa. La leshmianasis visceral, la forma clínica que más vidas se cobra de esta enfermedad, se caracteriza por la inflamación del hígado y del bazo en los seres humanos, que la adquieren a través de la picadura de un mosquito que haya picado a un perro infectado. Actualmente no existe cura para ella.
La leishmaniasis visceral es una enfermedad zoonótica causada por un protozoo que pertenece al género Leishmania. Incluye las especies Leishmania donovani y Leishmania infantum en el Viejo Mundo y Leishmania chagasi en el Nuevo Mundo. La enfermedad se considera endémica en los países mediterráneos y tiene una amplia distribución en toda América Latina, ya que se extiende desde México hasta Argentina. Aunque varias especies de vida silvestre puede ser potencialmente infectadas, es el perro doméstico el principal reservorio de la leishmaniasis visceral en humanos, en particular en las zonas urbanas. En Asunción, donde enfermedad es endémica en la zona periurbana y zonas metropolitanas, la seroprevalencia canina varió de 11,8% a 37% entre 1999 y 2005.
La transmisión de la leishmaniasis visceral entre los perros y de los perros a los seres humanos por lo general se produce a través de la picadura de moscas de arena infectadas pertenecientes al género Phlebotomus en el Viejo Mundo y Lutzomyia en el Nuevo Mundo, que son los vectores de Leishmania, aunque hay datos que hacen pensar en la posible existencia de una transmisión directa o vertical en perros, a través de la transmisión transplacentaria. Teniendo en cuenta que no existen indicaciones claras de la transmisión vertical de la leishmaniasis visceral en perros y la falta de información sobre la frecuencia de transmisión a través de esta vía y las posibles diferencias en el potencial de transmisión, el objetivo del estudio fue evaluar la distribución de Leishmania amastigotes en los órganos del feto y la placenta, así como para evaluar los cambios histopatológicos asociados con el parasitismo.
Ocho perras callejeras infectadas con Leshmania chagasi entre los 50 y los 60 días de gestación fueron seleccionadas para este estudio. Estas ocho perras preñadas fueron clínicamente clasificadas en dos grupos, uno compuesto por sintomáticas, que exhibió manifestaciones de la enfermedad como alopecia, dermatitis exfoliativa o úlceras; y otro de asintomáticas, sin ningún signo clínico de la leishmaniasis visceral. Fragmentos de la placenta, los ganglios linfáticos mesentéricos, bazo, riñón, hígado, corazón y la médula ósea del fémur se recogieron para histopatología e inmunohistoquímica.
Demostración
La transmisión congénita de la leishmaniasis visceral se demostró por PCR. En general, el 32% (de un total de 53) de los fetos de hembras infectadas fueron positivos. Curiosamente, ninguna de las perras tenía todos los fetos infectados y la tasa de infección en los fetos de embarazos individuales varió de 0 a 83'3%. En ninguno de los 53 fetos y sus placentas había ninguna lesión grave.
Los investigadores, que ya había trabajadado previamente en disociar la lehsmianosis de lesiones genitales y del parasitismo en el tracto reproductivo femenino, concluyeron, por primera vez, que la frecuencia de transmisión transplacentaria no difiere entre las perras sintomáticas y asintomáticas, lo que indica que el estado clínico de la perra (ya sea sintomática o asintomática) no es predictivo de su potencial para la transmisión transplacentaria de la enfermedad. En este sentido, apuntan los científicos en un artículo publicado en Veterinary Patology, que la placenta parece jugar un papel secundario en la transmisión directa. En un estudio previo, los veterinarios paraguayos no encontraron presencia de amastigotes, una etapa del protozoo parásito, en la mucosa vaginal de las hembras infectadas de forma natural, lo que concuerda con los datos de esta investigación.