Ciencia España , Salamanca, Jueves, 17 de diciembre de 2009 a las 17:37

El Irnasa y científicos chilenos investigan cómo afectará el cambio climático a los cereales

La Universidad de Talca ha mandado a Salamanca semillas de cebada para que los expertos trabajen con ellas en condiciones climáticas modificadas

JPA/DICYT Científicos del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca (Irnasa), centro perteneciente al CSIC, y de la Universidad de Talca, en Chile, colaboran en la actualidad en una investigación acerca de cómo la variación de algunos factores climáticos podría afectar a los cereales. En concreto, trabajan con las previsiones que barajan los expertos en cambio climático: aumento de temperaturas, incremento de CO2 en la atmósfera o disminución de las lluvias, entre otros. La idea es recrear estas condiciones y ver sus efectos sobre los cultivos, los investigadores salmantinos llevan varios años trabajando en esta línea, pero ahora aplicarán sus modelos a casos concretos de especies de cebada conservadas por la Universidad de Talca. 

 

La colaboración surgió tras una estancia del científico chileno Alejandro del Pozo, experto en Fisiología Vegetal, en Salamanca. “Ellos están muy interesados en el impacto del estrés abiótico causado por factores como un CO2 elevado o un aumento de las temperaturas”, ha explicado a DiCYT Rosa María Morcuende, investigadora del Departamento de Estrés Abiótico del Irnasa que lidera el trabajo por parte española y que acaba de regresar de Chile para devolver la visita y conocer los detalles del trabajo de sus colegas americanos.

 

Estrés abiótico es el término que utilizan los expertos para referirse a las alteraciones que sufren las plantas por causas ambientales. Mientras que el Irnasa ha desarrollado su investigación principalmente en trigo, los chilenos estudian las líneas de cebada del germoplasma (semilla y otras muestras que contienen los genes de las plantas) que tienen disponible y están particularmente interesados en analizar las condiciones de sequía o estrés hídrico. Por eso, algunas de las semillas han viajado ya hasta Salamanca para que los expertos del Irnasa realicen experimentos en las cámaras climáticas especiales que ya han servido para otros trabajos en esta misma línea.

 

Líneas concretas de trabajo

 

Uno de los hechos clave de los que parten los científicos es que el aumento de dióxido de carbono (CO2) está directamente relacionado con la pérdida de nitrógeno (N), un componente esencial para el desarrollo de los vegetales. A esto hay que añadir que el incremento de CO2 favorece un mayor crecimiento, como ya han comprobado los expertos del Irnasa en anteriores trabajos. Teniendo en cuenta estos factores, "una de las consecuencias es que el cereal, en concreto la espiga, perdería calidad nutricional, pero en realidad tras realizar análisis hemos visto que la planta logra aclimatarse y el contenido proteico no sufre una gran pérdida", señala Rosa María Morcuende.

 

Otra de las líneas fundamentales de esta investigación es la relacionada con el estrés hídrico. Los investigadores están especialmente interesados en identificar los genes que están involucrados en la adaptación de la planta a circunstancias novedosas, como puede ser una mayor sequía. De hecho, los trabajos anteriores sugieren que en condiciones de elevado CO2 los organismos vegetales son capaces de reducir su consumo de agua, pero averiguar los mecanismos por los cuales sucede esto sería un gran paso en estos estudios.

 

En este campo, el Departamento de Producción Agrícola de la Universidad de Talca puede realizar aportaciones interesantes, ya que el equipo de Alejando del Pozo ha estudiado el comportamiento de la cebada en condiciones de sequía y en grupos de control. Para hallar estos genes, los científicos utilizarán la técnica de reacción en cadena de la polimerasa, PCR por sus siglas en inglés (Polymerase Chain Reaction), que sirve para replicar fragmentos de ADN, en este caso de plantas, y poder identificar mejor los genes que lo componen.

 

Este centro salmantino del Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) tiene ya varias publicaciones relativas a la influencia del cambio climático en la agricultura, aunque los primeros trabajos se habían centrado en cultivos como el trigo y la alfalfa. La idea es que recreando las condiciones ambientales que se esperan en un futuro próximo los científicos pueden analizar problemas y proponer soluciones, especialmente en el caso de los cultivos con interés agronómico. Esta parte de la investigación responde a una colaboración entre el CSIC y el CONICYT, un organismo chileno homólogo.