Ciencia España , Salamanca, Miércoles, 24 de noviembre de 2004 a las 17:34

El macizo occidental de la Sierra de Gredos, hábitat de una nueva subespecie de ave migratoria

El ornitólogo de la Universidad de Salamanca Salvador Peris ha dirigido la investigación sobre la distribución y caracterización del pechiazul

AVPR/DICYT Las laderas bejaranas de la Covatilla y el Puerto de Peña Negra, en el entorno de la localidad abulense de Piedrahita, son algunos de los hábitats seleccionados por el Pechiazul (Luscinia svecica) para anidar. España en el cuarto país europeo con mayor número de este tipo de ave y, según el último estudio dirigido por Salvador Peris, profesor del Departamento de Zoología de la Universidad de Salamanca, se ha identificado en las áreas mencionadas una subespecie que podría ser exclusiva de Castilla y León.

Otras áreas de la comunidad donde se han localizado ejemplares del Pechiazul, además de las zonas mencionadas, son los parajes de la Fuente del Travieso, también en la Sierra de Béjar, y los alrededores de la Laguna de los Peces en Zamora. Los investigadores han localizado una media de entre 0’6 y 1’6 parejas por cada 10 hectáreas de la superficie estudiada.

La investigación del profesor Peris, titulada Autoecología del pechiazul ibérico, con especial referencia a la Sierra de Béjar, se ha orientado a conocer la distribución de esta especie migratoria en la Península Ibérica, el tamaño de las poblaciones, la selección del hábitat, la fenología de cría y los aspectos taxonómicos. En el desarrollo de este estudio, financiado por la Fundación Samuel Solórzano, los investigadores se percataron de que un 46%de los ejemplares identificados en las áreas de la investigación presentaba la mancha blanca propia de la subespecie cyanecula, mientras que el 54% restante no se ajustaban a las características propias de ninguna de las 12 subespecies de pechiazul que se han identificado hasta el momento en Asia y Europa.

 

Adaptados a la altura

Para dilucidar aspectos sobre la posible nueva subespecie se ha procedido al anillado de ejemplares con ayuda de cepos y reclamos, con lo que también se ha demostrado que algunos individuos vuelven a las mismas zonas de cría, siempre situadas por encima de los 1.700 metros.

Además se han tomado muestras de sangre a los animales, y se han realizado diversas mediciones biométricas para comparar los datos recopilados con los del resto de especies euroasiáticas. Por el momento la investigación apunta a que los ejemplares castellanoleoneses son de mayor tamaño que los de las subespecies identificadas hasta el momento. Un cambio que puede deberse a que los ejemplares ibéricos se han adaptado a la altitud.