Ciencia España , Salamanca, Viernes, 11 de mayo de 2012 a las 18:11

"El miedo de la sociedad a los transgénicos está basado en el desconocimiento de lo que son"

Una experta de la empresa Monsanto advierte en Salamanca que el retraso de Europa en ingeniería genética repercute negativamente en la investigación y en la economía

JPA/DICYT Conchi Novillo, directora de Asuntos Regulatorios de la compañía Monsanto Agricultura España, ha afirmado hoy en Salamanca que "el miedo de la sociedad a los transgénicos está basado en el desconocimiento de lo que es un transgénico y de las evaluaciones que sufre antes de llegar a plantarse y de consumirse por animales o personas". Ese hueco en la formación de la sociedad se ha cubierto por una información que "no es científica ni rigurosa", ha apuntado la experta en una conferencia impartida en el Centro Hispanoluso de Investigaciones Agrarias (Ciale) de la Universidad de Salamanca.

 

Una planta se denomina transgénica cuando se le ha introducido una secuencia de ADN para mejorar alguna característica. "El hecho de que se haya producido por estas técnicas obliga a que antes de llegar al mercado esté sujeto a unas evaluaciones rigurosas y científicas y sólo cuando se ha determinado que el producto es tan seguro como el convencional llega al consumidor final", comenta esta ingeniera genética en declaraciones a DiCYT.


En el Ciale ha impartido un seminario de investigación bajo el nombre "Nuevas variedades mejoradas genéticamente para una agricultura más sostenible" tanto para los investigadores del centro, especialistas en estos temas, como para alumnos de la Universidad de Salamanca. "El propósito es evaluar qué puede hacer la mejora de plantas para conseguir una agricultura más sostenible", ha señalado. "Por sostenibilidad, nosotros entendemos la agricultura que tiene tres elementos: que es respetuosa con el medio ambiente, económicamente viable y sostenible desde el punto de vista social", aclara.

 

La investigación puede ayudar a lograr este objetivo por medio de la mejora de las características de las plantas utilizando diferentes herramientas, "desde las técnicas de mejora clásicas a las técnicas de ingeniería genética, que son las más recientes y las más desconocidas por el público en general". "Nos enfrentamos al desafío de alimentar a una población creciente y tenemos que hacerlo utilizando los recursos que tenemos de la mejor forma posible", indica. A eso puede ayudar la mejora vegetal, unida al uso más eficiente del agua o los abonos, según ha explicado.


En su opinión, el desconocimiento sobre estos temas viene de que "tenemos una sociedad cada vez más urbana y alejada del agricultor y, por lo tanto, desconoce los desafíos y problemas a los que se enfrenta cuando tiene que producir alimentos".


Por eso, "es importante que los investigadores comuniquen al público el resultado de su trabajo y cómo ayuda a que el sector primario pueda producir alimentos de forma más sostenible".

 

Encuesta de la Fundación BBVA


Conchi Novillo ha citado el estudio de la Fundación BBVA presentado esta misma semana, que arroja datos preocupantes acerca de la falta de formación de la población española sobre estos temas. "Un 65% de los encuestados piensa que sólo los tomates modificados genéticamente contienen genes, cosa que es falsa, porque todos los tomates contienen genes. Además, un 55% responde que las plantas no tienen ADN", señala.

 

Esto hace que el consumidor sea muy vulnerable a la hora de recibir información falsa sobre la biotecnología vegetal. "Hay que mejorar la cultura científica, porque sólo una sociedad con un mejor conocimiento será más libre y podrá elegir, sin ser susceptible de mensajes equivocados que no están basados en argumentos científicos", comenta.


Parte del problema está en que "a los científicos sólo se les ha valorado su capacidad por el número de publicaciones en revistas científicas, lo cual es lógico, pero también se les debería valorar las acciones que hagan para mejorar la cultura científica de la sociedad", añade la experta.

 

Por otra parte, en Europa no se cultivan tantos transgénicos como en el resto del mundo debido a la legislación existente a pesar de que muchos están evaluados y los científicos han confirmado su seguridad. "Las restricciones vienen de la toma de decisiones políticas, que está viciada por un debate que no es riguroso desde el punto de vista científico", asegura. Esto "nos está pasando factura y nos pasará más factura todavía, porque estamos aumentando nuestra dependencia de productos de otras geografías que después importamos. Nuestros agricultores tienen menos herramientas que aquellos con los que tienen que competir", apunta.

 

Además, "desde el punto de vista de la investigación está afectando a las empresas privadas, que están cerrando, y a centros públicos, porque en este marco no hay apoyo ni interés en desarrollar productos que vayan a acabar siendo utilizados por los agricultores". Todo ello afectará negativamente a la bioeconomía que la Unión Europea quiere promover, según la experta.