NBL/DICYT El oso pardo es una especie protegida catalogada en peligro de extinción y los parajes de Castilla y León, en concreto León y Palencia, son algunos de los lugares escogidos por esta especie para su residencia. Por esta razón, en 1990 la Junta de Castilla y León aprobó el primer Plan de Recuperación del Oso Pardo Cantábrico. Dieciocho años después es hora de hacer balance antes de presentar un nuevo Plan que le dará continuidad.
María Jesús Ruiz Ruiz, vicepresidenta Primera y Consejera de Medio Ambiente, ha sido la encargada de presentar los resultados de un plan que no sólo ha pretendido propiciar las mejores condiciones para el mantenimiento de la especie sino también realizar un control y un seguimiento exhaustivo que permita saber y evaluar si las medidas que se han puesto en marcha están teniendo los resultados que cabría esperar.
Sin duda, el mejor indicador de que las cosas han ido bien es que la población de osos está repuntando. En palabras de la Consejera de Medio Ambiente, “hemos pasado a duplicar las cantidades que existían en cada una de las zonas, sobre todo en la zona occidental”. Los datos hablan por sí solos. En el año 90, entre 50 y 65 osos pardos habitaban la zona occidental y entre 20 y 25 la oriental. Hoy podemos hablar de entre 80 y 100 en la primera zona y entre 25 y 30 en la segunda. En nuestra Comunidad residen prácticamente todos los de la zona oriental y un 40% de los de la occidental, el resto en Comunidades limítrofes.
La inversión realizada por la Consejería de Medio Ambiente en estos 18 años asciende a 5'5 millones de euros.
Conservación
En el momento de nacimiento del Plan, una de las medidas prioritarias era erradicar todo aquello que dañara de una forma u otra a la especie, y en este sentido, una de las medidas claves ha sido la lucha contra el furtivismo, cuya fórmula más habitual es la utilización de los lazos de acero. Y es que, aunque los lazos, normalmente, no están colocados por y para ellos, sino para los jabalíes, muchos osos acaban cayendo en la trampa. Aún así, desde 1993 a 2007 se han retirado 379 lazos en la zona del Alto Sil (León).
El hábitat en el que se mueve el oso pardo es también muy importante para su supervivencia, por lo que en el Plan se han tenido en cuenta problemas tales como infraestructuras, en concreto el trazado de la autovía León-Asturias, e incendios; trabas que, en definitiva, han mermado el hábitat de esta especie. Por suerte, el número de incendios ha disminuido considerablemente desde el inicio del plan, algo que se ha convertido en uno de los logros más importantes de estos dieciocho años. Varias proyectos de reforestación y programas de alimentación suplementaria a través de carroñas o de frutos completan la lista de proyectos encaminados a mejorar el hábitat del oso pardo.
Cuando se habla del hábitat del oso pardo en nuestra Comunidad y, por consiguiente, de las zonas de actuación de este Plan, nos referimos en concreto a las zonas de la Sierra de Ancares y Alto Sil, ambas en la provincia de León, (sector occidental, compuesto por 156.206 hectáreas) y los Picos de Europa, en la provincia de León y Fuentes Carrionas, en Palencia (sector oriental, compuesto por 236.227 hectáreas). De todas ellas, la zona de Alto Sil es la que presenta una densidad mayor de osos, seguida de Fuentes Carrionas.
El nuevo Plan de Recuperación del Oso Pardo, que se presentará en breve, se acoge la zona protegida por la Red Natura 2000, por lo incluye el Valle de San Emiliano y la Montaña Central de León y acaba uniendo ambos sectores y ampliando la superficie de actuación en un 30%.
Control y seguimiento
La Consejería de Medio Ambiente lleva desde 1985 recopilando información de la población del oso mediante fichas estandarizadas. En total, 5.318 fichas que permite conocer el estado y la evolución de la población de esta especie en Castilla y León. Pero sin duda, uno de los aspectos más relevantes de este plan es el estudio de osas con crías que se viene realizando desde los años 80 y que en los últimos años, desde 2005, ha desvelado un progresivo aumento del número de osas con crías en ambas poblaciones, particularmente en la occidental.
El control de la mortalidad ha puesto sobre la mesa el grave problema de infanticidio que caracteriza a esta especie. De los 19 osos muertos durante el periodo de vigencia del Plan de Recuperación, cuatro han sido consecuencia del ataque por parte de los progenitores machos en la época de celo. El veneno también causa muchas bajas en la especie, en concreto tres, pero “la muerte por envenenamiento ha sido una consecuencia de prácticas relativas al control de otras especies que puedan estar resultando en estos momentos más agresivas para la ganadería o para diferentes actividades”, ha apuntado la Consejera.
Investigación
En el área de investigación, destaca el trabajo realizado desde el año 2005 en la recogida de material genético mediante trampas de pelo que “nos permiten tener prácticamente identificados genéticamente a todos los ejemplares que están en el ámbito geográfico de Castilla y León”. Y es que, gracias a trampas de olor atractivo para el oso se recolecta de forma estandarizada y sistemática material biológico, en concreto pelo, que después se analiza genéticamente. En 2005 se colocaron 120 trampas y dieron resultados sólo el 3'3%, en 2007 los datos ascendían a 380 trampas y a un 27'3% de trampas positivas. En total hablamos de 42 muestras de pelo que “nos permiten identificar cada uno de esos ejemplares y tenerlos perfectamente ubicados”. Con estas muestras se puso en marcha un estudio en la Universidad de Oviedo por encargo de la Consejería de Medio Ambiente que ha puesto en evidencia que la diversidad del oso pardo cantábrico es muy baja, que existen diferencias genéticas entre las subpoblaciones occidental y oriental y que, a diferencia de lo que se pensaba, hay movilidad entre ambas zonas. En concreto, se han constatado desde 2005 movimientos migratorios de cuatro machos entre la zona oriental y occidental.
En el plan también ha habido hueco para campañas de educación y sensibilización dirigidas a escolares y a la población en general y cursos de formación para todos los agentes relacionados con la conservación del oso, técnicos, agentes y celadores medioambientales, entre otros.