AMR/DICYT A la hora de elegir una pieza de vacuno con etiqueta de calidad, el principal factor en el que confían los consumidores es el origen de la carne. Aunque existen otras cuestiones que tienen en cuenta, como la alimentación o el manejo de los animales, los compradores determinan su elección si la etiqueta indica el lugar geográfico del que procede la res. Esta la principal conclusión de un estudio realizado por la Facultad de Veterinaria de al Universidad de Zaragoza y el Instituto de Ganadería de Montaña (IGM, centro mixto CSIC-Universidad de León), sobre hábitos de consumo respecto a las carnes de calidad.
El objetivo del trabajo era "identificar los segmentos de mercado viables dirigidos a la comercialización de calidad superior", explica a DiCYT su coordinadora, María Teresa Maza, del Departamento de Agricultura y Economía Agrícola de la Universidad de Zaragoza. Este concepto de 'calidad superior' se identifica en España por distintivos como la marca de garantía, indicaciones geográficas protegidas y otras etiquetas.
Los científicos analizaron la respuesta de consumidores de tres ciudades, escogidas por su diferente tamaño: León, Zaragoza y Madrid a través de encuestas personales. En cada localidad se realizaron 119 entrevistas en diferentes puntos de venta (carnicerías, supermercados e hipermercados) respectivamente, de las que se extrajeron tres perfiles de clientes: compradores habituales, ocasionales y no compradores. Los investigadores encontraron diferencias significativas entre estos tres grupos, pero no demasiadas entre los ocasionales y los no ocasionales, una información que puede servir a los productores de carne para encauzar la venta.
Las encuestas contemplaban aspectos como el lugar de compra (supermercados, carnicerías o grandes superficies), las partes de la canal que escogían los consumidores, la frecuencia de la compra, las preferencias sobre la calidad del producto, el grado de reconocimiento de las diferentes etiquetas de calidad, los hábitos de consumo, los factores que apreciaban y las características personales de los consumidores (renta o miembros de la familia). En líneas generales, existían más compradores habituales de carne de calidad superior a mayor renta familiar y a partir de los 35 años. Los no compradores dominaban en las rentas medias y bajas y entre los más jóvenes (menos de 35 años).
Existe una circunstancia respecto a la frecuencia de compra que los autores destacan. Los compradores habituales estaban más asociados a la vida sana, que se representa por un consumo generalizado de frutas y verduras, mientras que los no compradores tenían una actitud negativa hacia este estilo de vida.
La información sanitaria, no relevante
Aunque el criterio más relevante para la compra de estos productos de calidad superior era la indicación geográfica, existían otros que a simple vista pueden resultar interesantes, pero que los consumidores desechan. "No resultaba de interés la cuestión sanitaria o bromatológica de estas carnes", subraya Ángel Ruiz Mantecón, investigador del IGM. Esta circunstancia puede resultar "curiosa", pero tiene su explicación para los científicos: "Los consumidores asumen que toda la carne que llega a los puntos de venta es segura", por lo que no se preocupan de estos aspectos. Por este motivo, los autores aconsejan a los productores de este tipo de carne que la información del etiquetado no sea excesiva.
El trabajo se ha visto completado en las últimas fechas con un estudio sobre el consumo de carne de ovino con etiqueta de calidad. Éste último se centra especialmente en el consumo de ternasco en Aragón. El ternasco es un cordero joven que se consume generalmente en esta comunidad autónoma y posee la denominación específica de Indicación Geográfica Protegida. Ambas investigaciones han salido publicadas en la revista científica Meat Science.