Beatriz Blanco García/DICYT La empresa hispanoportuguesa Europarques, recientemente galardonada con el Primer Premio Nacional de Turismo de Portugal, sabe combinar el negocio del ocio en la zona zamorana y portuguesa de los Arribes del Duero con su pasión por la naturaleza. Desde hace varios años gestiona un barco que recorre este espectacular paisaje y cuyos beneficios van directamente a poner en marcha proyectos de mejora de vida de los animales que allí habitan.
“Hay una razón, las especies forman parte de nuestro producto turístico, así que somos unos de los más interesados en su conservación. Vendemos al público un espacio virgen, con unas especies emblemáticas que la gente viene a ver”, explica David de Salvador, gerente de Europarques, quien también añade que “es cierto que, además, los que estamos en este proyecto no venimos del área de turismo, sino del ambiental y ya habíamos trabajado antes en conservación. Por eso entendimos que el turismo era precisamente no un fin, sino un medio. De igual manera, los recursos económicos los vemos así, como un medio para trabajar en conservación”.
Entre esas especies emblemáticas están el buitre leonado, la cigüeña negra, el alimoche, el águila real o el águila perdicera. Precisamente con esta última especie comenzaron sus proyectos de conservación y recuperación. Fue en 2003 cuando se puso en marcha el Proyecto Águila de Bonelli, como se conoce a esta ave en Portugal. Desde Europarques se percataron de que en la zona el animal llevaba desde 1997 sin realizar puestas ni entrar en celo. “Se firmó con el Instituto de Conservación de la Naturaleza de Portugal un convenio importantísimo para el desarrollo de un proyecto por el que, a partir de su éxito, se pudo determinar de una manera clara la relación entre la abundancia de comida y la reproducción de la especie”, asegura De Salvador.
De esta manera, se pusieron manos a la obra y, durante los dos años que duró el proyecto, de 2003 a 2005, se trabajó en la recuperación de palomares, se adquirieron cinco hectáreas de acantilado para desarrollar el programa y se reintrodujo al conejo de monte, en una zona de reserva, para que sirviera de alimento para el águila de Bonelli. “En el primer año ya se vieron los resultados y aquella pareja de la que se decía que era infértil, desarrolló el celo y tuvieron dos pollos que salieron adelante”, comenta orgulloso el gerente de Europarques.
Estación internacional
Todos los proyectos se desarrollan desde la Estación Biológica Internacional, ubicada en la localidad zamorana de Cozcurrita, a pocos kilómetros de Miranda do Douro, ya en Portugal, donde tienen el embarcadero del navío-aula ecológico, fuente de sus ingresos gracias a las excursiones didácticas y turísticas que realizan durante todo el año. Desde hace meses hay un nuevo proyecto, un protocolo con la asociación de cazadores de la zona. Se trata de un compromiso de mejoras en los cotos “siempre que los cazadores se comprometan a cumplir una serie de normas”. La firma de colaboración ha servido para iniciar un proceso de estudio sobre las posibilidades del coto, ubicado en Cozcurrita de Sayago, donde habitan conejos de monte y perdices, su viabilidad o las medidas que se pueden tomar para mejorar el hábitat y la alimentación.
“Todo el recinto está monitorizado por vídeo, por lo que se puede ver en tiempo real lo que está pasando, por ejemplo, en las zonas que hemos sembrado para la alimentación complementaria o en las propias madrigueras”, explica De Salvador, quien valora muy positivamente para el éxito de este proyecto que se haya podido implicar a los cazadores de la zona. Para ellos, la mayor ventaja de este convenio será “una mejora de estas especies cinegéticas, porque tendrán más caza”. Por su parte, Europarques sale ganando en esta firma “en que la abundancia de estos animales, el conejo de monte y la perdiz, va a favorecer la supervivencia de especies emblemáticas como el águila de Bonelli o el águila real, vitales para el área y para el turismo”.
El resto de proyectos que tienen en marcha se centran en la observación y el estudio de las especies que pueblan esta zona de los Arribes. Así, el Proyecto Lutra, nutria en portugués, tiene como protagonista al propio río, con sus características, sus problemas y sus controles periódicos, mientras que el Proyecto Nocturna, en colaboración con la Sociedad Española de Ornitología (SEO), se centra en el seguimiento de las rapaces nocturnas a partir de los sonidos que emiten. “Para este estudio, todo el barco se ha equipado con un sistema de visión por infrarrojos y un micrófono direccional, para que, a partir de los sonidos, se consiga controlar las poblaciones de aves nocturnas que viven en el cañón”, relata De Salvador.
“Inversión de futuro”
Los niños también son protagonistas. Durante todo el curso escolar el Proyecto Escuelas, dedicado a la educación ambiental de los más pequeños. “Verdaderamente, es una inversión de futuro, se les enseña, mediante la visita guiada en barco, qué es un parque natural. No es algo hecho para restringir, sino para conservar el patrimonio y para que ellos y sus nietos puedan conseguir que el desarrollo de la zona sea compatible con esa conservación”, explica el gerente.
Con varios proyectos en marcha, los quince técnicos que trabajan en la Estación Biológica Internacional en temporada alta, ocho en baja, se apoyan en voluntarios y becarios para llevar a cabo todas estas iniciativas que, por el momento, tienen la financiación asegurada, puesto que el barco-aula recibe una media de 60.000 visitas al año.