Ciencia España , Valladolid, Lunes, 28 de septiembre de 2009 a las 15:05

“Hace falta clarificar la carrera científica”

José Ramón López, director del IBGM, considera que el concepto de científico y el camino que hay que seguir para llegar a serlo no está bien definido

CGP/OEI-AECID/DICYT Al contrario que otras profesiones como la de juez, ser científico requiere pasar buena parte de la vida profesional con incertidumbre. Mientras el protocolo de acceso a ciertas carreras es claro, el científico depende, en muchas ocasiones, de proyectos y becas temporales que no garantizan un futuro laboral estable. Así lo asegura el doctor José Ramón López, director del Instituto de Biología y Genética Molecular (IBGM) de Valladolid, quien considera que este camino tan complejo se compensa con lo gratificantes que son los frutos de la ciencia.


¿Qué ámbitos de actuación tiene el Instituto de Biología y Genética Molécular?

El IBGM es un centro mixto entre la Universidad de Valladolid y el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC) bastante heterogéneo en cuanto a líneas de investigación. El propio nombre del centro es muy genérico, no describe realmente lo que se hace. Históricamente surgió hace unos 10 años y el núcleo fundacional es el Departamento de Bioquímica y Fisiología de la Facultad de Medicina, al que se han ido incorporando investigadores del Consejo. Las líneas de trabajo son muy variopintas, aunque realmente hay tres departamentos que agrupan una serie de equipos que hacen investigación sobre aspectos puramente fisiológicos, otro que se ocupa de genética en desarrollo y células madre y otro departamento en el que se trabaja en mecanismos relacionados con la inflamación y la respuesta inmune. Después, dentro de cada departamento, las líneas son muy heterogéneas. Lo que nos define a todos es ser un grupo de investigación básica, preocupado fundamentalmente en los mecanismos moleculares que explican cómo funcionan las células. No obstante en los últimos años intentamos hacer cosas más aplicadas, buscando proyectos que respondan a cuestiones más prácticas dentro del área de la salud.

 

En los últimos tiempos, ¿cuál de estas líneas está dando mejores frutos?
Hay muchas líneas que obtienen resultados que se publican en revistas internacionales que son punteras en las áreas respectivas, y eso para nosotros es la medida del fruto de la investigación, que pueda leerlo la comunidad científica y sirva para aportar información relevante. Este fruto quizá es poco visible para la sociedad, a la gente se llega con líneas que son más mediáticas y de ciencia aplicada. En el IBGM son más mediáticos los que trabajan en diagnóstico del cáncer, que está relacionado con un problema de salud muy concreto como es el diagnóstico precoz; el grupo que trabaja en células madre, que es algo que está continuamente en los titulares de prensa, o el que lleva el problema de diagnóstico precoz de enfermedades metabólicas en la comunidad. Pero hay otros grupos que trabajan en cosas más concretas y especializadas que son más difíciles de colocar en un titular de un periódico. Es un trabajo mucho más anónimo, lo cual no quiere decir que no produzca frutos, sino que son más complicados de ver.

 

¿Con qué centros colaboran a nivel internacional?
En un instituto como éste y en la mayor parte de los institutos heterogéneos de investigación básica la colaboración no la hace realmente el centro, sino que las establecen los distintos grupos y los proyectos. La ventaja de un instituto así es que junta a mucha gente que hace investigación, permite compartir medios, ideas, y proporciona el ambiente para el que la actividad científica es más favorable. En general, hay colaboraciones con países de Europa y con Estados Unidos.

 

¿En qué momento de su vida decidió que quería dedicarse a la investigación?
Estudié Medicina y Cirugía y mi vocación fue un poco temprana. Al terminar segundo de carrera entré como alumno interno en el Departamento de Fisiología con el doctor Constancio González, que ha sido mi maestro desde entonces. Empecé medicina porque uno no sabe muy bien lo que quiere, y los primeros años de la carrera me gustaron mucho, la química, la fisiología, los aspectos más biológicos de la medicina. Disfruté también en tercero, que es el año de la fisiopatología, donde uno empieza a estudiar cómo funcionan las cosas. Luego está la medicina, la práctica con el enfermo, y me di cuenta que eso no era para mi, a mi me gustaba mucho el laboratorio y ahí me quedé. Nunca me planteé que iba a ser médico y sí que quería dedicarme a la investigación. Pero estudiar medicina es interesante desde un punto de vista personal. Ahora en la investigación biomédica, como cada vez es más difícil que los médicos se dediquen ella, hay mucho biólogo, bioquímica, a quienes les falta un poco de perspectiva médica que es importante. Los médicos quizá deberían estar más involucrados en la investigación de lo que están.

 

En muchas ocasiones son los profesores los que transmiten a sus alumnos la pasión por su trabajo. En su caso, ¿qué le inculcó Constancio González?
Constancio es un hombre completamente apasionado por la ciencia. El concepto de maestro no es un concepto pasado de moda, ahora no se habla de él pero realmente es fundamental en todos los aspectos de la vida. Cuando eres joven necesitas a alguien en quien fijarte, en tener como modelo. Para que a un adolescente le guste una asignatura u otra un factor fundamental es la sintonía que tenga con su profesor, más que la materia en sí. Si te encuentras con uno que te transmite una pasión vocacional por algo realmente te contagias y si se produce esa sintonía te lanzas a trabajar en ello.

 

¿En qué consiste la rama de fisiología celular y molecular en la que trabaja?¿en qué proyectos participa?
Mi formación es de electrofisiólogo. Me interesan sobre todo unas proteínas que están en las membranas de las células y que controlan el flujo de iones y la excitabilidad de las células. Los proyectos en los que estoy involucrado ahora se relacionan con cómo estas proteínas participan en el control de la excitabilidad del músculo que está en las paredes arteriales, y de eso depende el diámetro de los vasos, relacionado con patologías como la hipertensión o la arterioesclerosis.

 

¿Qué retos de futuro se plantea tanto en su grupo como a nivel de centro?
El panorama de aquí a unos meses es complicado. Dependemos fundamentalmente de financiación pública, tenemos un par de proyectos vigentes que se nos acaban el año que viene y nos preocupa si vamos a conseguir renovar esos proyectos y mantener vivo el laboratorio. Después tenemos otras cosas, hemos hecho una patente y estamos intentando conseguir que le interese a la empresa privada. Hemos patentado una idea, la posibilidad de que una de las proteínas que nosotros estudiamos pueda ser una diana terapéutica para tratar problemas relacionados con la restenosis.

 

¿Cómo puede llegar a trabajar un joven estudiante en un centro como el IBGM?
Es complicado, ya que la ciencia es una apuesta incierta. La carrera científica no está claramente definida. Sin embargo, si quiero ser juez tengo claro lo que tengo que hacer, el protocolo es obvio. El concepto de científico es socialmente poco claro y el qué tiene que hacer uno para serlo es complejo. Es un camino largo en el que no está muy claro el resultado final, la gente tiene que haber sido muy buena en sus estudios, tiene que haber hecho una tesis doctoral, que son cuatro años de media de trabajo duro, luego hacer una estancia posdoctoral en el extranjero, tener contratos temporales inciertos...

 

Llegar es complicado, pero ¿qué beneficios aporta?
Es un trabajo que no cambiaría por nada. Desde el punto de vista intelectual es enormemente gratificante, no se me ocurre otro que sea tanto. El trabajo en el laboratorio es fascinante. Hecho de menos mi época de posdoctoral, cuando estaba en Estados Unidos, me levantaba y me ponía a hacer experimentos. Lo único en que tenía que pensar era ciencia, ahora tengo un volumen de burocracia que me saca del laboratorio. Además, ver cosas en el laboratorio que tu eres el primero que observas es fascinante, al igual que contestar preguntas que nadie se ha hecho o mucha gente y no ha sabido responder. El problema que veo es que vivimos en una sociedad en que la juventud es muy práctica, necesita saber que tiene entre manos. Creo que tienen las mismas inquietudes que teníamos nosotros en otra época, pero nosotros éramos más alocados, ellos necesitan saber donde van en el futuro con lo que hacen. Lo único que puedo decir es que si lo consigues te lo vas a pasar muy bien y vas a tener un trabajo enormemente gratificante, es como ser tu propio jefe intelectual y eso no tiene precio.