Ciencia Argentina , Córdoba, Martes, 17 de mayo de 2016 a las 17:58

“Hay un componente genético que influye en la diferenciación sexual del cerebro“

Neurocientíficos cordobeses analizan los factores que intervienen en la formación de un cerebro típicamente masculino o femenino

CONICET/DICYT Se han escrito libros, montado obras de teatro, filmado películas e invadido todo tipo de productos con las preguntas acerca de las diferencias entre hombres y mujeres. Desde luego, los científicos no son ajenos a esta preocupación e intentan encontrar respuestas desde diversos ángulos.

 

Desde las neurociencias, Julia Cambiasso, investigadora adjunta en el Instituto de Investigaciones Médicas Mercedes y Martín Ferreyra (INIMEC, CONICET-IMMF-UNC), junto a su grupo, estudia las bases biológicas de la diferenciación sexual del cerebro, particularmente la contribución diferencial de los cromosomas sexuales y las hormonas gonadales en ese proceso.

 

¿Las neurociencias sostienen que los cerebros de hombres y mujeres son diferentes?

Sí, existe un consenso respecto a que presentan diferencias a nivel anatómico y funcional, algunas estrictamente relacionadas con la función reproductiva y otras no. Por ejemplo el núcleo sexualmente dimórfico del área pre-óptica tiene mayor tamaño en hombres que en mujeres. En cuanto a la funcionalidad, por ejemplo, la visión en los hombres es en túnel mientras que en las mujeres es más panorámica. Ellas tienen mayor fluidez verbal y ellos más habilidades para la comprensión de sistemas. Obviamente estos son modelos, habla de generalidades reconocidas a nivel poblacional, pero cada individuo es particular y tiene sus propias características.


¿Y esto a qué se debe?

La hipótesis clásica presenta a las hormonas como el principal componente de la diferenciación sexual del cerebro. Según ésta, durante la etapa embrionaria el testículo produce testosterona que es aromatizada a estradiol, responsable final de masculinizar el cerebro. Las hembras, en cambio, no tienen testículos -la producción de estradiol por parte del ovario es post natal- y esos bajos niveles de hormona feminizan el cerebro. No obstante, durante los últimos años se han acumulado evidencias de que hay otras influencias además de las hormonas.

 

¿Qué otros factores intervienen?

En nuestro grupo, por ejemplo, aportamos evidencias de diferencias sexuales previas a la acción de los esteroides gonadales –hormonas producidas por ovarios y testículos- por lo que nos propusimos indagar qué otros factores participan en este proceso. Machos y hembras no solo difieren en el componente hormonal sino también en la constitución genética derivada de sus cromosomas sexuales. Las hembras presentan un solo tipo de cromosoma sexual (X), mientras que los machos exhiben dos tipos diferentes, X e Y. Nuestra hipótesis es que esto produce una expresión diferente de genes desde el inicio de la gestación que puede tener consecuencias en la diferenciación del cerebro.

 

¿Cuáles podrían ser los resultados?

Por ejemplo en uno de los trabajos de nuestro laboratorio, que fue la tesis doctoral de Carla Cisterna -becaria de CONICET y primera doctora en Neurociencias de Córdoba, analizamos la aromatasa que es una enzima clave dentro del modelo clásico porque es la encargada de convertir testosterona en estradiol, que es la hormona responsable de la masculinización del cerebro. Nosotros estudiamos cómo los cromosomas sexuales regulan la expresión de aromatasa. O sea que estamos analizando un elemento clave del modelo clásico con esta nueva hipótesis en la que los cromosomas sexuales también participan en la diferenciación sexual del cerebro.

 

¿Y qué encontraron?

Estudiamos ratones transgénicos y pudimos observar que la expresión de la aromatasa sí depende del complemento cromosómico sexual. Los individuos XY presentan mayores niveles de aromatasa que los XX desde una edad muy temprana, antes del período crítico, antes de la formación de las gónadas –ovarios o testículos-. Es decir que hay un componente genético que influye en la diferenciación sexual del cerebro que pudimos estudiar separadamente de las hormonas gracias a este tipo de ratón.

 

De este tipo de estudios, podría inferirse que muchas cuestiones relacionadas al género estarían reguladas biológicamente, ya sea a través de los genes o de las hormonas… ¿Esto es así?

De ninguna manera. No podemos hablar de un determinismo biológico puro en cuanto a la diferenciación sexual del cerebro. Nosotros estudiamos genes y hormonas, por un recorte disciplinar, pero está faltando un tercer factor que es el ambiente, donde entra, sin dudas, la variable social. Cada uno de estos factores prima sobre los otros, dependiendo de la etapa del desarrollo y de la vida que se analice. No es lo mismo pensar en la etapa embrionaria que en la adolescencia o la niñez, por ejemplo. Somos seres plásticos que cambiamos a lo largo de toda la vida, respondiendo a las influencias de una forma variable. Y todos esos cambios que tenemos a lo largo del tiempo tienen su correlato en el cerebro. El cerebro también es plástico y va cambiando. Y el ambiente también, inclusive, en la expresión de genes. Además no olvidemos que la gran mayoría de estos estudios se realiza en animales, por lo tanto hay muchos factores específicamente humanos que, aún hoy, continúan siendo una incógnita.