Ciencia Argentina , Buenos Aires, Miércoles, 24 de septiembre de 2014 a las 13:22

Identifican genes que le confieren a los tomates tolerancia a las sequías

El estudio, que implicó el análisis de millones de datos, abre el camino para el desarrollo de este y otros cultivos con capacidad para adaptarse a ambientes con poca agua

AGENCIA CYTA-INSTITUTO LELOIR/DICYT Un total de 150 genes que le permiten a los tomates desplegar una estrategia de tolerancia a la sequía fueron identificados por un equipo de científicos. Entre ellos, genes que dirigen la fabricación de canales para el transporte del agua y de la pared de celulosa de las células vegetales. El hallazgo podría servir para desarrollar cultivos que se adapten a ambientes con escasos niveles de agua.

 

“Los genes que descubrimos interaccionan con un factor de transcripción llamado ASR1. Esta molécula activa genes cuyas respuestas le confieren a la planta la capacidad de tolerar el estrés hídrico o falta de agua”, señaló a la Agencia CyTA el doctor Norberto Iusem, investigador del CONICET en el Instituto de Fisiología, Biología Molecular y Neurociencias (IFIByNE) y del Departamento de Fisiología, Biología Molecular y celular de la Facultad de Ciencias Exactas y Naturales de la UBA.

 

Algunas de las estrategias que despliegan las plantas apuntan a proteger la escasa agua disponible. Se activan genes de síntesis de moléculas protectoras de aminoácidos (unidades de proteínas) o azucares que de alguna manera toman el lugar del agua faltante, puntualizó Iusem. También se gatilla el cerramiento de los estomas (especies de poros celulares) de las hojas para retener la mayor cantidad de agua.

 

“Si bien el trabajo se realizó en tomates, los resultados pueden aplicarse a otros cultivos de relevancia ya que tienen en común muchos mecanismos biológicos”, concluyó el investigador del CONICET.

 

El trabajo, publicado en BMC Plant Biology, fue el fruto de muchos años de trabajo en el IFIByNE y constituyó gran parte del trabajo de tesis del doctor Martiniano Ricardi, becario del Conicet bajo la dirección del doctor Iusem. También participó el doctor Rodrigo González del mismo centro de investigación y también fue crucial el rol de un equipo de la Universidad de Cornell, en Estados Unidos, que cuenta con equipos de alto rendimiento para descifrar información contenida en millones de fragmentos de ADN.