DICYT Con motivo de una serie de aconteceres profesionales, buenos todos, que me han alcanzado, porque lo de conseguido es más dudoso, se me ha solicitado que haga una valoración, o mejor, que exprese mi opinión sobre la investigación en Ingeniería Química y por extensión a toda la demás en este país.
Es bueno indicar que la investigación en los últimos veinte o veinticinco años, no tiene nada que ver con la que existía tanto en medios como en personal y preparación del mismo. Ello unido a la exigencia que existe de tener un currículo investigador de cierta categoría para optar a las plazas de profesorado de la Universidad, ha hecho que la cantidad de publicaciones haya subido hasta cotas muy altas, concretamente un 3% de todo lo que se publica en el mundo.
Pero no nos engañemos, no es oro todo lo que reluce, porque el nivel de aplicación es prácticamente nulo, y no se comprende que exista ese desfase entre lo publicado y lo conseguido.
La razón de ello es compleja y analizar todas las causas cae lejos de la intención del que esto escribe, pero he aquí alguna de ellas.
En primer lugar, me refiero a lo que conozco de las Ciencias y de la Ingeniería: creo que falta originalidad y es raro tratándose de un país tan imaginativo como el nuestro. La falta de ello hay que atribuirla al sistema educativo de la Universidad, que hace que se fomente poco la creatividad en los alumnos e investigadores jóvenes mediante discusiones, seminarios, etc. Las ideas originales surgen de ahí. En los países anglosajones las discusiones científicas ocupan una parte importante de las charlas de comidas y reuniones sociales entre profesores y eso sucede también con los profesionales del sector donde se discuten logros y proyectos, es decir existe un foro de discusión y una vivencia profesional. Todo ello crea un ambiente, un caldo de cultivo, que unido a su preparación y medios hace que se generen nuevas perspectivas en cualquier campo del conocimiento.
Otra fuente importante de creatividad es aquélla que se plasma en necesidades sociales manifestadas a través de la Industria. Desgraciadamente, en España las industrias son mayoritariamente pequeñas y las que son grandes están participadas por multinacionales con centros de investigación fuera del país, con lo que la solicitud de la empresa a la Academia es generalmente, de servicios o de mejoras de procesos existentes, nada demasiado original, por supuesto.
Es como una pescadilla que se muerde la cola. La Academia no suele dar muchos logros originales, y aquellos que da, la empresa no los puede desarrollar por ser subsidiaria o no tener volumen de negocio para hacerlo. Por otra parte, la Industria no da ideas a la Academia por las razones apuntadas, además de por criterios de confidencialidad, competitividad, etc.
Entonces, la razón de la gran cantidad de publicaciones en este país, hay que buscarla en el hecho de que nuestros investigadores traen una idea con su génesis en el extranjero y aportan al país la técnica y metodología experimental, y completan o complementan la investigación que venían realizando fuera, con lo que sus resultados evidentemente son interesantes y publicables, pero la idea no es nueva y lo que ayudan es a crear un cuerpo de doctrina que está elaborado y sirve lejos de nuestras fronteras, donde el hecho o idea ha nacido y al que nosotros ayudamos a completar.
Creo que lo adecuado sería, partir de una idea propia que fuera más o menos novedosa y sobre ella investigar hasta crear un cuerpo de doctrina, que es lo interesante y lo publicable, y no fraccionar en resultados parciales una investigación que se coloca fácilmente en revistas y no sirve mucho para el desarrollo y apertura de ideas. No quiero entrar en el hecho de la publicación de esos resultados parciales y la firma de diez autores por aquello del currículo etc..., en fin eso es otra cuestión, me atrevería a decir típica del país.