Ciencia Argentina , Santa Fe, Viernes, 23 de octubre de 2009 a las 14:27

Investigadores argentinos idean un sistema para reducir residuos de herbicidas en el agua

El mecanismo, basado en radiación UV y agua oxigenada, sirve para limpiar el glifosfato que se usa en el lavado de los bidones

CGP-UNL/OEI-AECID/DICYT Investigadores de la Universidad Nacional del Litoral (UNL), en Argentina, han ideado una técnica para reducir los residuos de herbicidas que persisten en el agua tras el lavado de los bidones. El herbicida más utilizado en el país es el glifosfato, que centra diversos estudios científicos sobre su posible toxicidad. Para extraerlo del agua, el sistema diseñado por los investigadores argentinos se basa en radiación ultravioleta y agua oxigenada. Actualmente, lo que recomienda la Cámara de Sanidad Vegetal y Fertilizantes (Casafe) es lavar tres veces los recipientes y utilizar el agua de enjuague en el pulverizador. Sin embargo, este protocolo no es una práctica frecuente.


Los científicos participantes en el trabajo constataron que existían en los campos “montañas” de envases sin ningún tratamiento. Con el objetivo de eliminar la contaminación que pueden acarrear los restos de pesticidas liberados en el ambiente, los investigadores han ensayado diversos sistemas para tratar el agua de lavado. Así, han comprobado que utilizando agua oxigenada, como la que se usa para desinfectar heridas, y radiación ultravioleta, se pueden destruir las sustancias contaminantes.

 

“La ventaja es que, si las cosas están bien hechas y en buenas condiciones experimentales, es posible producir la mineralización completa del contaminante. Es decir, que pasa a formas más simple e inocuas. El resultado de la transformación es agua, dióxido de carbono y algún ácido mineral, compuestos que existen en la naturaleza”, ha precisado Cristina Zalazar, investigadora del Instituto para el Desarrollo de la Industria Química (Intec), dependiente de la UNL y el Conicet.

 

Lo que se conoce como agua oxigenada o peróxido de hidrógeno, según explicó Zalazar, al irradiarse con radiación ultravioleta genera un compuesto que es muy oxidante y tiene la capacidad de atacar y destruir las sustancias contaminantes.


La primera etapa del trabajo comenzó en 2007, con la degradación del glifosato puro. De este modo estudiaron cuáles son las mejores condiciones de concentración de agua oxigenada, radiación y concentración del contaminante para la degradación del herbicida.

 

Además, el trabajo analizó las nuevas sustancias que se forman mientras sucede la reacción química, puesto que, al mismo tiempo que algunas desaparecen, otras nuevas surgen. “Hay que ser cuidadosos con los intermediarios ya que algunas de las cosas que aparecen pueden ser tan tóxicas o más que el original”, aclaró.


Fórmula comercial

 

Posteriormente, el grupo de estudio amplió la experiencia y, en vez de trabajar exclusivamente con el principio activo del herbicida el glifosato puro, empezaron a procesar bidones que contenían la fórmula completa comercial que se utiliza para las fumigaciones en las que se incorporan otros químicos como surfactantes y coadyuvantes de los que también existe controversia sobre su toxicidad. Los investigadores tomaron bidones vacíos que contuvieron glifosato, realizaron los tres lavados y colocaron el agua resultante en un reactor para llevar a cabo la reacción de degradación.

 

“Lo que estamos viendo es que en tiempos que no son importantes tenemos un buen porcentaje de degradación, o sea que podemos eliminar no sólo el principio activo, sino también los otros constituyentes”, adelantó Zalazar. Los resultados de esta línea de trabajo fueron obtenidos por un equipo de trabajo perteneciente al grupo de Ingeniería de los Fotorreactores del Intec y fueron presentados este año en la quinta edición de la International Conference Oxidation Technologies for Water and Wastewater Treatment en Berlín, Alemania, así como en el segundo Workshop Latinoamericano sobre Residuos de Pesticidas, Alimentos y Medio Ambiente organizado por la UNL.


El grupo se plantea ahora construir un prototipo de reactor más grande, pensado para hacer un tratamiento en semicontinuo del agua de lavado de los envases en las épocas críticas del cultivo. Como explicó Zalazar, destruir hasta los últimos vestigios puede requerir mucho tiempo, lo que encarece el tratamiento. “Ahora vamos a hacer ensayos específicos de toxicidad para saber en qué punto del proceso el efluente tratado pierde su toxicidad, entonces ya se puede arrojar en algún curso de agua sabiendo que está controlado y que no representa un riesgo para el medio ambiente”, señaló.