DICYT Parece que los planes de estudio de nuestros futuros títulos de grado tendrán en común unas materias que se llamarán básicas. Era la exigencia evidente de una abrumadora mayoría de los universitarios, que prefieren una formación (¿ya no se utiliza esta palabra?) sólida y general en los primeros cursos, reservando la especialización para los niveles superiores (posgrado).
De entre esas materias básicas de los grados de ciencias, desearía verter ahora unos comentarios sobre la Física, porque esta disciplina manifiesta unas características que la hacen especial.
Creo que se atribuye a Pitágoras la frase: educar es templar el alma para las dificultades de la vida. En este sentido, la Física es una gran educadora, porque aporta un modo de ver los asuntos de la ciencia: enseña a abordar los problemas con una cierta distancia, observándolos desde diferentes puntos de vista; nos prepara para tamizar la información que nos llega, con un espíritu crítico, separando lo que es científico de lo que toma distinto cariz.
La Física ayuda a pensar, que es una de las principales armas de defensa de las personas. Chesterton afirmaba que cuando uno pierde la fe no es que ya no crea nada: más bien empieza a creérselo todo. Podríamos situar junto a esa pérdida de la fe, el dejar de pensar por qué las cosas son de determinada manera, el esquivar las preguntas sobre las causas de los fenómenos que observamos, el sacudirse el esfuerzo que supone aplicar la inteligencia a lo que percibimos, en una palabra, el abandono del raciocinio y, en particular, del estudio de la Física. Todo esto nos lleva a una cierta infantilización, en el sentido de indefensión mental frente a los acontecimientos, frente a las interpelaciones de la publicidad, frente a las sutilezas de los comunicadores sociales. Al no filtrar con criterios racionales los mensajes que recibimos, se acepta todo; o, al menos, todo lo que encaja en otro tipo de criterios, más fáciles de aplicar (ecologistas, políticos, economicistas, egoístas, e incluso lo políticamente correcto).
Hay un amplio consenso en contemplar la Física como esencial en una titulación científica o tecnológica. Sin embargo, en algunos ámbitos se puede llegar a considerar ingenuamente que el alumno que llega a la Universidad ya tiene los fundamentos físicos suficientemente asentados. Y no es así, porque sólo un pequeño porcentaje ha cursado Física en 2º de Bachillerato. ¿Por qué los alumnos se retraen de esta asignatura, incluso cuando saben que tendrán que cursar Física –y a veces una Física fuerte en la titulación universitaria que vayan a elegir?
¿Es que el problema radica en la propia Física, que quizá sea una materia intrínsecamente difícil? ¿O son los alumnos quienes a la hora de elegir optativas, prefieren asignaturas que supongan un menor esfuerzo? ¿O será la actitud del profesorado de secundaria, con formación mayoritaria en Química, que en ocasiones puede estar desmotivado? (En algunos centros las asignaturas de Física las imparte el último profesor que elige docencia en el Departamento, lo cual no es muy alentador si imaginamos la pasión con que tal profesor transmitirá los conocimientos de una materia que nadie deseaba…).
Sea cual sea la causa que subyace, lo cierto es que si el alumno medio no opta por la Física en 2º de Bachillerato es porque eligiendo cualquier otra asignatura sabe que obtendrá mejores calificaciones. A fin de cuentas, el ingreso en la Universidad va a depender de sus notas y con eso no se juega.
En mi opinión, la solución no consiste en bajar el nivel, o en aprobar a más gente en Física, o en poner mejores notas de manera sistemática. Aparte de injusto, podría acabar resultando cómico. Bastante ha caído ya el nivel de Física de los aspirantes a la Universidad en los últimos años. Si alguien lo duda, puede comparar la dificultad de los actuales exámenes de acceso LOGSE con los del extinguido COU.
Desde la Universidad no podemos cambiar el currículo del Bachillerato ni sus mecanismos de optatividad, pero sí podemos y debemos contribuir a completar la formación que no se adquirió en los estadios previos. Buen ejemplo es el curso cero que se ha comenzado a impartir en algunas universidades, que recuerda bastante al selectivo de hace tantos años, repleto de materias básicas.
Y, desde luego, a la hora de elaborar los planes de estudios, esfuerzo en el que las universidades están hoy involucradas , hay que tener en cuenta las carencias en Física y extraer consecuencias: es necesaria una Física general amplia (no bastan unos pocos créditos representativos) en el primer curso de todas las titulaciones que se atrevan a llamarse científicas o que tengan alguna vinculación con la tecnología. Únicamente así se podrá conseguir que los graduados adquieran un modo científico de conocer y de desenvolverse en la aventura del saber. Es, supongo, lo que esperamos de nuestros universitarios.