Ciencia Panamá , Panamá, Viernes, 22 de mayo de 2009 a las 19:15

“La inversión en Ciencia tenía que aumentar; seguir con el mismo presupuesto era perder el tiempo”

Entrevista a Julio Escobar, secretario de Ciencia, Tecnología e Innovación de Panamá

Eva Aguilar/DICYT En el año 2005, Julio Escobar colocó en el salón de reuniones de la Secretaría Nacional de Ciencia, Tecnología e Innovación (SENACYT), un calendario que marcaba los años, meses y días que faltaban para terminar su administración. El propósito del calendario no era que la presión de las responsabilidades se fueran aliviando con el paso del tiempo, sino todo lo contrario: recordarle a los encargados de cada una de las direcciones y departamentos de la institución, que cada vez quedaba menos tiempo para cumplir con el compromiso de impulsar el desarrollo científico y tecnológico de Panamá. 

 

Hoy, al calendario de Escobar –ingeniero electrónico de profesión y doctor en ingeniería y ciencias computacionales por el Instituto de Tecnología de Massachusetts (MIT)– le queda poco más de un mes. El próximo 30 de junio el actual gobierno panameño cederá el mando a una nueva Administración y SENACYT también pasará a nuevas manos. DiCYT ha entrevistado al secretario saliente para hacer un repaso de los últimos cinco años de política científica en Panamá.

 

Pregunta: Su primera decisión como secretario fue reducir el gasto administrativo para invertir la mayor parte del presupuesto de SENACYT en programas. ¿Dio resultado?

Respuesta: SENACYT debe apoyar a la gente y a las instituciones que hacen ciencia, y para mí eso significaba darle los recursos financieros. Una de las razones por las que Panamá no era, ni es todavía, muy competente en ciencia, es porque no había recursos invertidos en generación de conocimiento. En estos momentos el presupuesto operativo de SENACYT es un poco menos del 10% de su presupuesto total. Logramos hacer lo que queríamos y nuestros resultados confirman que fue una buena decisión.

 

P. ¿De cuánto dinero invertido en Ciencia y Tecnología estamos hablando?
R. De forma estimada, han sido casi 90 millones de dólares, sin contar los 24 millones destinados a becas que se administraron a través del Instituto para la Formación y Aprovechamiento de Recursos Humanos. Por lo tanto, son más de 100 millones de dólares directamente dedicados a ciencia y tecnología, de los cuales hemos ejecutado un 75% y todavía queda dinero para este año.

 

P. 100 millones de dólares es fácilmente el mayor presupuesto que SENACYT ha tenido en toda su historia
R. Sí, con gran diferencia. La administración anterior había pedido ocho millones de dólares, pero la contención del gasto gubernamental lo dejó en 3.5 millones. En los años anteriores había ocurrido lo mismo.

 

P. La tendencia de los gobiernos suele ser recortar en los presupuestos de ciencia. ¿Cómo logró que el gobierno central le diera cada vez más dinero?
R. Antes de aceptar el cargo, yo había negociado aumentos drásticos de los presupuestos de ciencia y tecnología. Ya llevaba suficiente tiempo como tecnólogo para saber que los montos que invertía Panamá no iban a hacer ninguna diferencia. El gobierno tenía que asegurarme que iba a subir los presupuestos de ciencia y tecnología; sino, ellos y yo íbamos a perder el tiempo. Pero una de las primeras cosas que tuve que hacer, fue demostrarle al gobierno el valor de la ciencia. Contratamos a expertos que nos ayudaron a crear un primer plan en el que se sintetizaron muchos de los argumentos sobre el impacto de investigación y desarrollo (I+D) en la productividad, el impacto de la innovación en el crecimiento económico y de la ciencia en el bienestar social. Recuerdo haber armado una presentación con diapositivas y tener la buena fortuna de encontrarme con el presidente [Martín Torrijos] en una reunión en la que se estropeó el proyector. Mientras lo arreglaban, el presidente cometió el error de preguntarme qué me hacía pensar que la inversión que yo estaba pidiendo iba a dar resultado. Le mostré algunas transparencias y en unos minutos se dio cuenta de que lo que había aceptado intuitivamente como una buena política, tenía un sustento fuerte desde el punto de vista de la econometría y la experiencia mundial.

 

P. Del plan estratégico de ciencia y tecnología que se elaboró para Panamá, ¿cuáles han sido los objetivos que mejor se han cumplido?
R. Creo que en I+D se logró mucho a través de los programas de becas para la formación de investigadores y a través de la disposición de recursos para investigación. Otra de las cosas que me parece que funcionó bien fue el programa Hagamos Ciencia, con el que hemos introducido un cambio real en la forma en que se aprende ciencia en las escuelas públicas del país. En cuanto a innovación en el sector empresarial y cómo se traduce eso en productividad, creo que estamos empezando, aunque cada vez nos sale mejor. Por lo menos hemos logrado la confianza del sector privado en la gestión de SENACYT.

 

P. Cientos de becarios se encuentran formándose en el extranjero con el compromiso de volver a Panamá. ¿Hay puestos de trabajo para ellos?
R. Ahora mismo las oportunidades no son consistentes con el número de personas que van a ir regresando. Por lo tanto uno de los grandes retos del próximo gobierno es construir infraestructura. SENACYT tiene suficiente dinero para asignar proyectos de investigación, pero el espacio físico, los laboratorios, no existen todavía. Aunque en muchas instituciones el dinero para ello ya ha sido asignado. Ahora bien, la mayoría de los investigadores que regresan, lo hacen a sus universidades, lo que facilita el proceso de reinserción.

 

P. Mientras el programa de becas tuvo muy buena acogida, fueron muy escasos los investigadores ya formados y que trabajaban en el extranjero los que se sintieron atraídos a regresar a Panamá. ¿Dónde falló el programa de repatriación de talento?
R. Nosotros hicimos un programa para que se trajera a gente de alto nivel, tanto panameños que trabajan en otros países, como investigadores extranjeros. Pero mi opinión es que las instituciones en Panamá sienten que no tienen los contactos internacionales para ofrecerle una oportunidad a gente que ya tiene 10 años de experiencia. Podríamos haber hecho un programa menos exigente, pero la idea no era traer más de lo que ya teníamos aquí. Así es que mi recomendación es tener paciencia hasta que los becarios que van regresando sean el puente que atraiga a gente más especializada.

 

P. Aunque SENACYT no es un ministerio, usted eventualmente adquirió el rango de ministro. ¿Cuál era la intención?
R. Esta fue una acción diseñada para el siguiente gobierno, más que para el nuestro. Queríamos establecer el precedente de que el secretario de SENACYT tenga acceso al gabinete, es decir, al presidente y el resto de los ministros.

 

P. ¿Cuáles son sus recomendaciones para el próximo gobierno?
R. Creo que la política de ciencia y tecnología debería mantenerse. La estrategia se puede mejorar, pero debería seguir enfocada en investigación, innovación empresarial y aprendizaje de ciencia. Y hay dos cambios fundamentales que yo esperaría ver, ojalá en el siguiente gobierno. El primero es que SENACYT debe intervenir más en cada campo que considere importante. Por ejemplo, entrar en contacto con la comunidad responsable de la energía o la seguridad alimenticia, y exigirles su contribución con los planes gubernamentales, aclarando cuál es el potencial de Panamá, y con un plan analizado desde el punto de vista científico y técnico.

 

P. ¿Se va con la satisfacción del deber cumplido?
R. Tengo una lista de cosas que se me quedaron en el tintero, pero la mayoría de los objetivos que estaban en mi calendario estratégico se cumplieron. Y uno de los momentos en que sentí que el trabajo había merecido el esfuerzo, fue en el congreso de ciencia del año pasado, donde noté un aumento en la calidad y cantidad de los trabajos presentados. Creo que ese cambio es producto de lo que hicimos, lo que me dice que la diferencia ha sido real.