Ciencia España , Salamanca, Viernes, 06 de julio de 2018 a las 16:41

“La investigación básica realiza descubrimientos importantes que después mejoran la agricultura”

El español José Alonso, uno de los investigadores más destacados del mundo en su campo, ofrece la conferencia de clausura de la XIV Reunión de Biología Molecular de Plantas

JPA/DICYT Tras congregar a más de 300 expertos a lo largo de tres días, la XIV Reunión de Biología Molecular de Plantas ha finalizado hoy en Salamanca con la conferencia de clausura de uno de los científicos más relevantes de este campo, el español José Alonso, investigador de la Universidad Estatal de Carolina del Norte (Estados Unidos).


Su trabajo con la planta modelo Arabidopsis thaliana ha permitido que científicos de todo el mundo puedan dar un salto de gigante en la investigación del funcionamiento de los organismos vegetales. “Para entender cómo funcionan las plantas una de las aproximaciones que más se utilizan es eliminar un gen y ver qué le pasa. Nosotros hicimos esto sistemáticamente en Arabidopsis thaliana con cada uno de sus genes y así creamos una colección que está disponible para todo el mundo”, afirma.


Cuando un investigador quiere estudiar un gen en particular, solicita la planta que no lo tiene y así puede ver cuáles son las diferencias con un ejemplar normal y comprobar si el papel del gen que estudia es, por ejemplo, hacer a la planta más resistente a la salinidad.


Por otra parte, José Alonso ha centrado sus estudios en los últimos años en las hormonas vegetales. “Tanto en plantas como en animales y humanos las hormonas son moléculas que tienen un papel regulador muy importante, por ejemplo, en humanos la insulina regula los niveles de azúcar en la sangre”, comenta. En las plantas sucede lo mismo. Por ejemplo, “el etileno es la hormona característica de la maduración, si los tomates no la tienen, no maduran”.


No obstante, para todos los procesos son muy importantes las interacciones que se producen entre distintas hormonas, así que su grupo de investigación analiza lo que ocurre con el etileno y las auxinas, otras moléculas que tienen múltiples funciones. Tras 10 años de investigaciones, “tenemos una idea bastante clara de cómo se producen las auxinas en las plantas”, asegura.


Alonso mantiene otra línea de investigación muy específica. “Ante cualquier cambio en el ambiente, las plantas responden modificando los niveles de expresión de determinados genes. Eso se produce mediante la transcripción del ADN al ARN y después a la proteína, que es lo que realmente funciona en la célula. Ese último paso no se sabía muy bien cómo estaba regulado y nosotros hemos descubierto uno de los mecanismos por los que tiene lugar, lo que también abre nuevas perspectivas”, explica.


En su opinión, el futuro de las investigaciones relacionadas con la agricultura será una combinación de distintas aproximaciones, como la bioinformática y la edición genética a través de herramientas como CRISPR. Sin embargo, “es necesaria la biología básica, entender cómo funciona todo para saber lo que hay que hacer si queremos aumentar la producción agrícola con un menor impacto ambiental”. En su caso, “saber cómo funcionan las hormonas, que regulan procesos muy importantes en agricultura, como la maduración, la defensa de patógenos o el crecimiento de la raíz para obtener más agua o crecer con niveles de salinidad más elevados”.


En definitiva, “no trabajamos con la idea de aplicar inmediatamente lo que hacemos a la agricultura, tiene que haber investigación básica, porque ahí es donde se producen los descubrimientos más importantes”.


Extender el cultivo de tubérculos a zonas cálidas


Sin dejar la investigación básica, pero con la mente puesta en que pueda traducirse en mejoras para la alimentación de millones de personas trabaja otra de las protagonistas de esta XIV Reunión de Biología Molecular de Plantas, Salomé Prat, del Centro Nacional de Biotecnología del CSIC. Sus investigaciones pueden ampliar las zonas de cultivo de los tubérculos.


“Al vivir fijas en el suelo, las plantas necesitan adaptarse al paso de las estaciones del año. Miden la luz y la temperatura e interpretar en qué época del año están, por eso en ciertas latitudes, hay plantas que no producen”, comenta.


Es el caso de la patata, que necesita climas fríos. En el momento oportuno, envía señales a los tallos subterráneos para la producción del tubérculo. “Hemos visto cuál es la señal que determina esa producción y que las altas temperaturas la inhiben, pero si la sobreexpresamos, tenemos plantas que pueden formar tubérculos en climas cálidos y eso es muy importante para extender el área de cultivo y generar variedades que se puedan cultivar en zonas cálidas, como el sur de la India, China y África”.


El proceso por el que la patata forma bajo la tierra ese “órgano de reserva” que nos sirve de alimento es similar al de otras plantas, como la zanahoria, la remolacha y una especialmente destacada: la yuca. “En África es muy importante para la dieta, así que la Fundación Bill y Melinda Gates quiere mejorar este cultivo para aumentar el nivel socioeconómico de muchas familias africanas”, destaca.


Organizadores y patrocinadores


La XIV Reunión de Biología Molecular de Plantas se ha celebrado en la Hospedería Fonseca de la Universidad de Salamanca entre el 4 y el 6 de julio de 2018, organizada por el Instituto Hispanoluso de Investigaciones Agrarias (CIALE), la Universidad de Salamanca en la celebración de su VIII Centenario y el Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca (IRNASA, centro propio del CSIC).


Además, ha contado con el patrocinio y la colaboración de la Sociedad Española de Fisiología Vegetal, la Sociedad Española de Bioquímica y Biología Molecular (SEBBM), The Federation of European Societies of Plant Biology, dos centros de investigación con el distintivo de excelencia ‘Severo Ochoa’: el Centro de Biotecnología y Genómica de Plantas (CBGP) y el CRAG, BIOVEGEN, ABIOPEP, Agrisera, Fisher Scientific, Dismed, Diputación de Salamanca, Turismo de Salamanca y Caja Rural de Salamanca.