Rubén G. del Barrio/ Ana V. Pérez /DICYT La Real Fábrica de Vidrios y Cristales de La Granja es, indudablemente, una de las construcciones manufactureras más importantes y emblemáticas del Siglo XVIII y desde 1.990 también un ejemplo de adaptación industrial a los avances científico-técnicos y las nuevas demandas sociales, a través de la creación de la Escuela Superior del Vidrio.
La institución afronta a partir de ahora uno de sus retos más innovadores, el de formar un nuevo tipo de profesional en esta materia, tradicionalmente considerada un oficio, y cuya adaptación a los nuevos tiempos requiere conjugar los aspectos artísticos y los conocimientos científicos.
Desde su llegada a La Granja en 1990, Eduardo Osimani, director del Área Formativa y Artística de la Escuela del Vidrio y principal artífice de este proyecto no ha cesado de organizar y desarrollar un buen número de programas formativos, así como un buen número de cursos monográficos de reconocido prestigio internacional que marcaron el camino y la consecución del principal proyecto: el homologar y hacer del vidrio una enseñanza reglada. “En los cursos –declara Osimani- han participado las mejores figuras del mundo del vidrio de Japón, Italia, Austria... lo que alentó unas pretensiones muy altas que llevaron –finalmente- a reconocer estos estudios como una diplomatura”.
Para ello, ha resultado clave incorporar a un programa académico dividido en seis áreas no sólo las habituales disciplinas artísticas, como la expresión y el análisis de la forma, a través del dibujo técnico, o los módulos dedicados al estudios de Historia y Teoría del Arte, sino también contenidos científico-tecnológicos, que inciden en aspectos tales como el cálculo, el análisis de los fundamentos físicos y químicos del vidrio, el estudios de los materiales, o los procesos de fusión y calor, además del análisis químico y la caracterización de materias primas.
Todo ello, unido a módulos eminentemente prácticos en los que se tratan aspectos legislativos relacionados con la industria, o se ofrece a los alumnos una serie de rudimentos básicos que les permiten plantear y desarrollar sus propios proyectos, constituye una programa de formación integral de profesionales del vidrio dotados de capacidades artísticas, tecnológicas, pedagógicas y de investigación en un sector que se esfuerza por mejorar la creación, los desarrollos, los usos y el consumo de las producciones vidrieras y de los servicios derivados de la mismas. De esta manera se supera la tradicional desconexión entre la creación artística y la formación científica.
El programa se organiza en tres cursos académicos y culminan con la realización de un proyecto final de carrera que comprenden, en su conjunto, un total de 273 créditos. Tras su superación se consigue el título superior del Vidrio, equivalente a diplomatura universitaria. Un título con el que, asegura Osimani, “nos ponemos un paso por delante de muchos países de la Unión Europea. Así, en otros países, este tema está en vías de desarrollo. Además, de cualificar este oficio –continúa- permite darle el nivel que le corresponde ante mercados tan incipientes como el de China o Taiwán de tal forma que les pongamos más difícil el competir con nosotros”.
Instalaciones innovadoras
Un programa de estas características, debe complementarse con una importante carga de actividades prácticas, lo que no sería posible sin dotar a la Escuela de las últimas tecnologías. Así, a las históricas instalaciones de la Real Fábrica de Vidrios y Cristales de La Granja se ha sumado un taller de soplado con un horno para fundición capaz de alcanzar los 1.500º C necesarios para la fusión de la arena de sílice, carbonato sódico y caliza, otro para recalentar bocas y una muela de recocido para vidrio. A esto hay que sumar un taller de talla con diferentes tornos y lijadoras; seis tornos para grabado de sobremesa, un horno Fusing y una cabina de chorro de arena para la creación de vidrieras.
Balance
“Por el momento –explica Osimani-, es pronto para hacer balance de la Escuela. Habrá que esperar que salga la primera promoción para consolidar la base y analizar lo que se hizo mal para mejorarlo”. En la Real Fábrica de Vidrio de La Granja, que da cabida al área de producción y al museo, se han destinado zonas que dan cobijo a las aulas, a los distintos talleres, laboratorios y a una biblioteca, que con más de cinco mil monografías y 49 títulos de revistas de ámbito internacional.
El alumno, tras cursar los años de formación académica y presentar un proyecto de fin de carrera, contará con los conocimientos suficientes para formar su propio taller, trabajar por cuenta ajena en empresas del sector, dedicarse al diseño del mundo del vidrio, aplicar todas las técnicas escultóricas relacionadas con las bellas artes, acceder al mundo de la enseñanza y competir en un mercado como es el de las vidrieras, diseño en joyas y alhajas, escultura o talla.