DICYT Humboldt y Gauss frente a frente a frente. Un naturalista, geógrafo y viajero, y un matemático, astrónomo, físico y geodesta. El padre de la Geografía Moderna Universal y el Príncipe de las Matemáticas unidos por su interés por medir el mundo. Humboldt y su deseo de difundir y describir gráficamente el mundo físico que había estudiado y observado durante sus expediciones por América durante casi 50 años. Gauss y su trabajo como topógrafo y geodesta, mejorando la instrumentación para las mediciones de precisión en largas distancias y aplicando sus teorías y modelos matemáticos para abordar los cálculos con los millones de datos recogidos durante ocho años en los alrededores de Hannover (Alemania). Dos escalas de trabajo y dos planteamientos diferentes que coinciden en su rigor científico, y la recreación de cuyo encuentro en Berlín en 1828 es el eje central de la novela de Daniel Kehlman La medición del mundo.
Sin embargo, este interés por conocer la posición, la forma y el tamaño de aquello que nos rodea es muy anterior al S. XIX, de modo que las primeras representaciones de la realidad que se emplearon para la localización de los recursos necesarios para la subsistencia o para rutas. Estos mapas primitivos, concebidos como instrumentos, convivieron con los que añaden los a la información anterior representaciones cosmológicas y relacionadas con la concepción del entorno por parte del usuario. Avanzando en la historia, los primeros mapas tallados por los babilonios y los egipcios representaban mediciones de tierras realizadas con el fin de cobrar impuestos. En la actualidad, varios miles de años después, este sigue siendo uno de los usos más comunes de la cartografía a escala de detalle en gran parte del mundo, aunque los métodos y la problemática a la que nos enfrentamos son muy diferentes.
En los inicios de la cartografía se representaba aquello que se conocía, aunque pronto se empezaron a introducir elementos en los mapas que tenían que ver más con la imaginación del autor que con la propia realidad, de modo que los mapas resultantes podían aproximarse más a una obra de arte que a una fuente de información. Humboldt y los naturalistas de la época posterior a los descubrimientos formaron parte de grandes campañas de exploración e inventario de los nuevos mundos, de modo que aquello que no aparecía en los mapas no existía, y las zonas no exploradas permanecían sin información en las representaciones de la época. Desde entonces la captura del dato geográfico, que nos permite conocer la posición y las características de una determinada entidad, ha sido uno de los condicionantes de la evolución de la cartografía.
En la actualidad el cuello de botella no es la falta de datos, puesto que tecnologías de la información geográfica como la teledetección, la fotogrametría y los sistemas de navegación global por satélite (GPS, GLONASS, COMPASS, GALILEO), han avanzado de forma significativa durante la última década, reduciendo los costes de la adquisición de los datos y aumentando su resolución espacial, temporal y temática. Precisamente la superabundancia de datos, derivada de la posibilidad de medir de forma repetida y de forma diferente los mismos fenómenos, provoca la proliferación de información geográfica, que debe ser producida, gestionada y almacenada por su propietario. Asimismo han aparecido tecnologías que favorecen su explotación y consumo, y que han llevado a un aumento en la demanda de esta información, surgiendo nuevas aplicaciones.
Hoy en día podemos consultar la ruta más rápida, más corta o más económica para ir de una ciudad a otra, o descargarnos la cartografía de la ruta de senderismo que planeamos hacer el próximo fin de semana. Incluso podemos visualizar la ruta sobre un mapa en relieve o una imagen de satélite. En definitiva, se ha producido una democratización de la información geográfica, de modo que cualquier persona puede tener acceso a datos espaciales de forma abierta y gratuita, empleando para ello simplemente un navegador web o software específico de uso muy sencillo.
El reto al que nos enfrentamos, tanto los usuarios expertos como los ocasionales, es el de ser capaces de filtrar todos los datos que están a nuestra disposición, y el generar información de utilidad. En este marco ha surgido la iniciativa INSPIRE (INfrastructure for SPatial InfoRmation in Europe), que pretende que la información geográfica relevante y de calidad esté disponible para poder analizar y realizar el seguimiento y evaluación de las políticas comunitarias. En el caso de la información geográfica generada por organismos oficiales implica que los datos deben recogerse una vez (y quedarse donde se puedan mantener mejor), que debe ser posible integrar información espacial en toda Europa y compartirla entre usuarios, y que debe ser fácil descubrir qué información existe, si sirve para ciertas necesidades, y bajo qué condiciones puede ser adquirida.
De este modo se incentiva la coordinación entre instituciones a la hora de capturar información, se favorece su acceso mediante servicios estandarizados (WMS, WFS), y se difunde su contenido mediante plataformas como la Infraestructura de Datos Espaciales de España (www.idee.es). Probablemente Humboldt y Gauss estarían abrumados por la velocidad con la que adquirimos y almacenamos datos. Y estarían sorprendidos con nuestra limitada capacidad para sacarles partido.