Ciencia Costa Rica , Heredia, Jueves, 05 de febrero de 2015 a las 10:01

Los mapaches, unos vecinos traviesos

La vida de los residentes de la Gran Área Metropolitana desde hace algunos años se ve influenciada por la presencia de mapaches. Una adecuada cultura ambiental y la protección de las viviendas podrían evitar los conflictos

UNA/DICYT Detrás de una marca de antifaz y unas ágiles garras, se esconde un travieso mamífero capaz de ingresar a los hogares vecinos, con el objetivo de conseguir refugio y alimento fácil. Se trata de los mapaches, cuyas interacciones con los humanos pueden causar afectaciones económicas, sociales y emocionales de las personas relacionadas con el conflicto.

 

El mapache es considerado una especie oportunista y generalista, es así como los recursos obtenidos en las áreas urbanas le proporcionan una mayor cantidad de alimento con un menor costo de energía. Alrededor de la Gran Área Metropolitana (GAM) se encuentran 15 áreas protegidas atravesadas por ríos, riachuelos y quebradas, rodeados de vegetación riparia, ideal para la sobrevivencia de los mapaches y su fácil desplazamiento de las áreas naturales a las ciudades.

 

Un estudio realizado en el 2013, con datos de entre 2009 y 2013, basados en diferentes fuentes, por la estudiante Viviana Narváez para optar por el grado de maestría en el Instituto Internacional de Conservación y Manejo de Vida Silvestre (Icomvis-UNA), registró 107 puntos de conflicto humano-mapache en la GAM, distribuidos en 21 cantones y 41 distritos.

 

Del total de la GAM, solo el 3’57 por ciento de su superficie es considerada como sitio de muy alto valor de ocurrencia del conflicto humano-mapache, estas zonas corresponden al cantón central de San José, en los cantones de Desamparados, Goicoechea, Tibás, Montes de Oca, Curridabat, Escazú, San José y Moravia. Del mismo modo, los cantones de Oreamuno, Cartago, Paraíso, El Guarco y Alvarado en la provincia de Cartago y el cantón Central y San Pablo en la provincia de Heredia. El 81’13 por ciento es considerada como de muy baja ocurrencia.

 

Como zonas de media ocurrencia del conflicto se consideran los cantones de Vázquez de Coronado, Santa Ana y Mora en San José y San Rafael, Barva y Belén en Heredia, entre otros. “La mayoría de sitios conflictivos puede acarrear el problema durante semanas o meses, volviéndose la ocurrencia de mapaches altamente conflictiva para los afectados; por lo tanto, a pesar de que el tamaño territorial es menor, hay que considerar la cantidad de veces en que incurre la presencia de mapaches y las respectivas afectaciones”, dijo Narváez.

 

De acuerdo con Jorge Hernández, director del Sistema Nacional de Áreas de Conservación (SINAC), la institución no lleva un registro de los reportes, y por ello no puede decir si se trata de una mayor población o la reincidencia de algunos individuos.

 

“La mayoría de los casos en los que existe conflicto, es porque hay infraestructura poco protegida; es decir, de madera y latas de zinc por donde los mapaches se puede movilizar con facilidad; aunado a una pobre cultura ambiental, donde los desechos orgánicos se dejan expuestos o la comida no se guarda en lugares apropiados”, explicó Narváez.

 

Estos conflictos generan un aumento en los gastos y esfuerzos por parte de los propietarios afectados para proteger sus posesiones. Por esta razón, la mayoría se opone a prácticas de conservación y al establecimiento de áreas protegidas, pues ponen como prioridad sus intereses económicos.

 

Carismático

 

De acuerdo con Alexánder Chuprine, académico del Icomvis-UNA, la reacción que pueden tener los humanos hacia los animales silvestres puede estar determinada por la intensidad del estímulo y la emoción o sensación que este provoca. Estos dos factores establecen las interacciones ya sean pasivas, por avistamientos o encuentros casuales o activas, que se dan cuando los encuentros son recurrentes y tienen algún grado de interacción como daños y pérdidas en sistemas agroproductivos e infraestructura, plagas y depredación, entre otras.

 

Narváez también incluyó un estudio de percepción, donde realizó entre junio y noviembre de 2013, 103 entrevistas semiestrautradas en 23 cantones y 13 distritos de las cuatro provincias que conforman la GAM. “Las emociones más nombradas fueron el miedo, la incomodidad o molestia hacia la especie y el asco.

 

El miedo fue el más referido porque su comportamiento podría ser agresivo con personas y mascotas; de la misma manera, se asocia con la transmisión de enfermedades. Por otra parte, entre las emociones positivas destacan el gusto y el carisma”, detalló Narváez.

 

De acuerdo con el estudio, los mapaches son considerados como especies destructoras, causantes de daños en las propiedades, escandalosos, promotores del desorden y el desaseo, y transmisores de enfermedades. “Todo esto causa afectaciones emocionales, económicas y sociales en los habitantes de la GAM: el ruido causado por los mapaches cerca o dentro de los domicilios, así como el desorden que producen, su agresividad con humanos y mascotas generan afectaciones emocionales debido a la inestabilidad en los quehaceres cotidianos de los citadinos, alterando también su descanso, esfuerzo, tiempo y estado emocional y mental”.

 

Según Manuel Spinola, académico del Icomvis-UNA, si bien el conflicto con los animales silvestres genera una percepción negativa hacia la especie y su conservación, la población está consciente de que estas cumplen una función en la naturaleza, y que aportan beneficios ecológicos, promoviendo de esta manera la tolerancia y su conservación.

 

“La Ley de Conservación de Vida Silvestre indica que el manejo de este problema es técnico, y los mapaches solo pueden ser controlado o manipulados por funcionarios del SINAC. Nosotros hacemos las capturas y llevamos a los animales a revisión médica, donde se determina su condición de salud, ya sea para ser tratados en un centro especializado o se lleva a un refugio para su recuperación; en caso de que el animal tenga buenas condiciones se reubica en otra zona lejos de donde fue capturado”, agregó Jorge Hernández.

 

Narváez menciona que estos conflictos se podrían disipar o disminuir si se realizan campañas que permitan informar a la comunidad sobre el manejo adecuado de esta especie, previniendo el acceso del animal mediante el transporte correcto de los desechos, eliminando los acercamientos provocados a través de la alimentación, mejorando la infraestructura de los inmuebles cercanos a las riberas de los ríos y principalmente si se trabaja en concientizar en el ordenamiento territorial.