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Ciencia España
Valladolid, Lunes, 03 de noviembre de 2008 a las 14:16

Redes sociales e innovación. 'Local o global' ¿Un dilema para el conocimiento?

Artículo de opinión de Ángel Losada Vázquez, director General de Comunicación de la Junta de Castilla y León
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DICYT La socialización del conocimiento ha dejado de ser una preocupación exclusiva de los centros de investigación y se ha extendido a las empresas, a los gobiernos y a los diferentes niveles de la Administración Pública; en definitiva a todas las organizaciones que pretenden hacer del conocimiento el principal recurso para su desarrollo, algo cada vez más frecuente por la extensión de la sociedad de la información, una forma de organización social en la que los principales sectores de la producción y el consumo se basan en el procesamiento, la distribución y el uso de la información.

 

El reto del desarrollo se convierte en el reto de la innovación, que requiere un nuevo modelo de organización capaz de facilitar procesos de decisión basados en la creatividad y las ideas, ya que la información más relevante es también la que resulta de más difícil transmisión y comunicación; la que se basa en la experiencia y en la interacción entre las personas.

 

Mientras, la generalización de las redes de telecomunicaciones facilita la aparición de tantas fuentes y motores de información como nudos pueda haber en esas redes, de forma que cualquier individuo, institución o empresa, puede convertirse en emisor y difusor de información. Es así como las relaciones económicas, sociales, culturales y políticas adoptan una dimensión planetaria al mismo tiempo que se diversifican en el plano local. Si bien es cierto que no se discute a día de hoy la relevancia de la comunicación social en la creación de redes para la distribución del conocimiento, no existe un acuerdo tan claro sobre los criterios que han de orientar la creación de los sistemas y procesos de comunicación necesarios para materializar su utilidad social y su contribución al desarrollo de todo tipo de organizaciones o de la sociedad en su conjunto.

 

Surge, así, el espejismo de una disyuntiva: “pensar en global y actuar en local” o, en sentido inverso, “pensar en local y actuar en global”. No existe, sin embargo, alternativa; se precisa pensar y actuar tanto en local como en global y, lo que es más importante, comunicar para integrar las estructuras sociales y mentales de lo local y de lo global. La discusión, susceptible de múltiples enfoques, es habitual en todo tipo de organizaciones, especialmente las empresariales, pero se extiende también a otras estructuras sociales, institucionales y políticas, a las que corresponde la responsabilidad de diseñar e impulsar estrategias que faciliten la producción, la distribución y la aplicación del conocimiento.

 

Si las TIC resultan de gran utilidad para coordinar el intercambio de información de equipos multidisciplinares cuyos integrantes se encuentran geográficamente dispersos, también es cierto que la distribución, la integración y la aplicación del conocimiento a la resolución de problemas o retos sociales (no otra cosa es la innovación) sólo se produce sobre la base de verdaderas redes sociales, no de simples redes tecnológicas y es, precisamente, ahí donde reside el valor estratégico de la comunicación social. Lo cierto que el reto de la socialización del conocimiento no surge de la necesidad de producir o distribuir más datos o hacerlo a más velocidad; el factor crítico es el de la “definición de la información”; el de la determinación de los conceptos que necesitamos para definir los retos que en términos de desarrollo se plantea cualquier organización o cualquier sociedad.

 

Se trata de garantizar que quienes tomen decisiones estratégicas sepan qué información necesitan, la reciban de forma regular y la puedan integrar sistemáticamente en los procesos de decisión, que a su vez se definen a partir de la determinación de los conceptos sobre los que se construye la principal decisión estratégica, la decisión sobre “cómo queremos prosperar como organización o como sociedad”. De este modo, la comunicación social convierte la innovación en la resultante de la participación, que se materializa a través de procesos de relación, información y decisión diseñados en función de las responsabilidades específicas que cada persona o cada colectivo asume a partir de su capacidad para recibir, producir, integrar y distribuir información, es decir para crear y socializar el conocimiento.

 

Fuera de este modelo, la información no es más que un conjunto de datos. La eficacia de la formación, la implicación y el liderazgo en las organizaciones surge de la capacidad para usar los mismos datos de forma diferente en función de los diversos retos y del conjunto de necesidades, valores, intereses y necesidades de los individuos y los colectivos sociales.

 

Desde este enfoque, el papel de la comunicación en la socialización del conocimiento supera el plano tecnológico y facilita la innovación por medio del incremento de la participación social, un proceso directamente relacionando con la construcción de la identidad, la reputación y la calidad del servicio de todo tipo de entidades públicas y privadas.

 

 

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