Bárbara Carvajal/DICYT El ecosistema de las estribaciones de la Sierra de Guadarrama, en su vertiente segoviana, cuenta ya con una especie más perfectamente adaptada y consolidada: la cabra montés. Esto ha sido posible, gracias a una iniciativa que se ha hecho realidad mediante un proyecto de recuperación de dicha especie, iniciado hace ahora casi una década, por los servicios centrales de Caza y Pesca de la Junta de Castilla y León.
El proyecto de recuperación de la especie en la provincia de Segovia comenzó en 1998, año en el que el actual director de los servicios centrales de Caza y Pesca del gobierno Autonómico, José Lara, planteó un estudio previo señalando las posibilidades de adaptación de este tipo de animal en la zona, que ya recorrió las cumbres segovianas desde la antigüedad hasta hace aproximadamente cuatro siglos, fecha en la que la especie comenzó a desaparecer en este lugar.
“Teníamos la constatación de la existencia de la especie en la zona tanto desde el punto de vista zoológico como cultural”, afirmó Lara refiriéndose a que las características del entorno son óptimas para la adaptación de los animales y muy similares a las condiciones de la Sierra de Gredos, lugar del que proceden la gran parte de los ejemplares. “Analizamos el ecosistema y vimos que el nicho de esta especie estaba vacío, pero que las características topográficas, de flora y fauna eran óptimas para soltar una serie de parejas y comprobar si se adaptarían al nuevo medio”, explicó el director de Caza y Pesca.
Cabra hispánica
En 1999 se realizaron las primeras sueltas de animales procedentes de las reservas regionales de caza de Las Batuecas (Salamanca), de la Sierra de Gredos (Ávila) y de Riaño (León), las tres áreas peninsulares en las que la cabra hispánica aún persiste de forma natural y gracias a la protección especial de dichos áreas.
Según Lara, la importancia de reintroducir la especie en la zona de Guadarrama-Somosierra “venía dada por varios factores como la posibilidad de enriquecer el ecosistema y asegurar la existencia de otros animales como el buitre”. Cada año se fueron introduciendo nuevas parejas hasta completar los 70 ejemplares que se han soltado y después se realizó un seguimiento exhaustivo de los animales, labor realizada por el equipo de veterinarios de la Junta, así como guardas forestales y otros trabajadores de conservación de la zona.
Supervivencia
El resultado es que los ejemplares se han aclimatado perfectamente en áreas regionales de caza protegidas, comprendidas entre las cotas de 1.700 a 2.000 metros de altitud, “una zona que estaba deshabitado por cualquier otra especie en Guadarrama” señaló Lara. La cabra montés ha sobrevivido en otros áreas peninsulares por la especial protección recibida desde el servicio territorial de Caza y Pesca. Así, la gestión planteada persigue dos objetivos fundamentales: asegurar la continuidad de las especies autóctonas y mantener un control sobre la actividad de la caza.
| La cabra montés | |
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La cabra montés tiene dos subespecies, la capra pyrenaica victoriae, que ocupa las serranías centrales y se localiza de un modo especial en la Sierra de Gredos, donde se le estima una población próxima a los 10.000 ejemplares; y la capra pyrenaica hispanica, que se distribuye por todas las sierras paralelas al Mediterráneo peninsular, y se estima que su colonia más importante se encuentra en Sierra Nevada. Los ejemplares suelen tener una longitud del cuerpo de entre 100 y 145 centímetros y una longitud de la cola de 12 a 15 centímetros. Su peso, en el caso de los machos oscila entre 80 y 120 kilogramos; y en las hembras entre 40 y 75 kilogramos. El principal rasgo del macho es la cornamenta, muy gruesa, rugosa y nudosa, normalmente tiene forma de semicírculo dirigido hacia atrás, pudiendo medir de 75 a 135 centímetros; los cuernos en las hembras son mucho más reducidos en tamaño y no sobrepasa los 40 centímetros. Tiene hábitos diurnos en invierno y nocturnos en el verano. Tímida y tranquila, tiene un gran olfato y oído y está dotada para andar entre rocas. |