Nutrition Spain , Salamanca, Tuesday, December 22 of 2009, 17:59

La Navidad a bordo de un buque científico

Mariem Saavedra, investigadora de la Universidad de Salamanca, participa en la expedición internacional del Polarstern para estudiar el clima y desde allí se ha puesto en contacto con DiCYT

José Pichel Andrés/DICYT Este año no se comerá el turrón en casa. Tampoco ha podido participar en las recientes movilizaciones de jóvenes científicos españoles para pedir más inversiones en investigación. Ni ha estado pendiente de las decisiones que se tomaban en Copenhague sobre políticas de cambio climático, a pesar de que su trabajo está íntimamente relacionado con esta cuestión. Mariem Saavedra Pellitero, investigadora del Grupo de Geociencias Oceánicas de la Facultad de Ciencias de la Universidad de Salamanca, lleva ya algunas semanas en el sur del Pacífico a bordo del buque alemán Polarstern con el propósito de realizar nuevas aportaciones al conocimiento sobre el clima; en particular, su línea de investigación se centra en la temperatura del océano. Cuando se navega tan cerca de la Antártida es imprescindible aprovechar el verano austral. A través del correo electrónico, la joven investigadora se ha puesto en contacto con DiCYT para contar su experiencia. La Ciencia no entiende de calendarios ni de horas. 

 

Cerca de un centenar de personas, entre científicos y tripulación, participa en una expedición que partió hace casi un mes de Punta Arenas (Chile) para llegar a Wellington, la capital de Nueva Zelanda, a finales de enero. El propósito es llevar a cabo por primera vez en esta zona estudios oceanográficos, geológicos, biológicos y químicos. “La finalidad de estos estudios es documentar el papel, la evolución y el impacto de los mecanismos climáticos en el océano, su estratigrafía, la caracterización de las masas de agua, la extensión de la capa de hielo antártica, la circulación atmosférica y el volumen y la dinámica de las capas de hielo antártico a escalas de tiempo geológicas”, detalla Mariem Saavedra.

 

A día de hoy se conoce muy poco de estos procesos en este sector del Pacífico, que es una zona de formación de masas de aguas y un lugar clave para comprender la evolución y dinámica de la capa de hielo antártica. Para ello, una de las principales herramientas de trabajo es la extracción de testigos oceánicos, es decir, sedimentos del fondo del mar. Para ello, el Polarstern realiza perforaciones y, como si fuera una gigantesca jeringuilla, extrae los sedimentos que durante miles de años se han ido depositando y que contienen valiosa información que los científicos saben leer de diferentes maneras.

 

La misión de datar los sedimentos

 

“Una de mis tareas aquí es decir la edad del sedimento (cuando hay carbonato) empleando los cocolitóforos”, apunta la científica. Los cocolitóforos son el objeto de estudio de su grupo de investigación en Salamanca, liderado por José Abel Flores. Se trata de fósiles de algas marinas cuya presencia se relaciona con determinadas condiciones climáticas. Es decir, cada una de las especies de estos fósiles se relaciona con periodos de tiempo y situaciones climáticas (glaciación, mayor o menor temperatura) muy concretos, lo que permite ponerle una edad a los sedimentos en los que se hallan. “Cada vez que sacan un testigo, preparo una muestra de la parte más antigua del mismo, y junto al equipo de biostratigrafia calculamos la edad que tiene”, explica Mariem Saavedra por correo electrónico.

 

Hasta el momento, la expedición ha conseguido testigos hasta de de 23 metros de longitud. “Una vez en la cubierta del barco, se corta en secciones de cinco metros, y una vez en el laboratorio de sedimentología, se cortan a su vez en secciones de un metro se toman muestras, para las descripciones sedimentológicas, micropaleontológicas y estratigráficas”, continúa.

 

Claves de un asteroide

 

Entre los sedimentos recuperados en el fondo del mar destaca el registro del impacto de un asteroide llamado Eltanin que colisionó a una velocidad de 70.000 kilómetros por hora hace 2’5 millones de años en el fondo oceánico, en concreto a cinco kilómetros de pronfundidad.

 

“En cada una de las estaciones [lugares en los que se detiene el buque para sacar testigos], se lanza un CTD, que es un aparato que permite recuperar agua a distintas profundidades al mismo tiempo que hace medidas de salinidad, temperatura o contenido el clorofila, por ejemplo. En algunos casos se lanza un Multicorer, instrumento que permite obtener muestras de la interfase sedimento-agua, aunque hasta el momento no ha sido muy exitoso”, agrega. Asimismo, se realizan estudios de plancton.

 

Por eso, el equipo de científicos es tan internacional como multidisciplinar. Los miembros de la tripulación suman 45 personas, a los que hay que añadir cientifícos, técnicos y personal encargado del helicóptero que lleva a bordo el barco, lo que suma otros 43 profesionales. En el grupo de los científicos hay 17 mujeres y una gran variedad de nacionalidades (chilena, alemana, francesa, india, coreana, italiana,
malasia, australiana, suiza, estadounidense y española).

 

Frustrada investigación sísmica

 

Aunque no tienen que ver directamente con la investigación que realiza Mariem Saavedra, una de las líneas de investigación más llamativas de las que ya se han llevado a cabo a bordo del Polarstern ha sido los estudios sísmicos en aguas del Tratado Antártico, acuerdo de protección que afecta los territorios y las barreras de hielo ubicados al sur de los 60° de latitud sur. “Establecimos los turnos para observar si alguna ballena se acercaba a menos de un kilómetro del barco durante el tiempo en el que se desplegaba todo el equipo de sísmica. Durante las ocho horas que dura esta maniobra, dos observadores tienen que estar continuamente vigilando si se acerca alguna ballena, y cuatro observadores desde un helicóptero. Cada dos horas se realizaba el cambio. Aunque yo estaba en el primer turno de observación aérea, hubo problemas con el equipo de sísmica, y al final no se pudo llevar a cabo”, relata la investigadora.

 

De hecho, pocas cosas resultan fáciles a bordo. “No importa a que hora del día se llegue a la estación. Todo el mundo se prepara y baja trabajar si es su turno”, asegura. Por eso, en más de una ocasión, los científicos se encuentran sacando y preparando las secciones del testigo “con el viento de cara, lluvia, y olas enormes, en medio de la oscuridad”, indica.

 

24 horas al día

 

Además, “todos los días hay una reunión a las 11 horas donde el jefe de la expedición comenta lo que se ha hecho durante las ultimas horas y lo que se pretende hacer en las próximas 24 horas. Cada día el meteorólogo del barco da una pequeña charla sobre el tiempo, para saber si se podrá llevar a cabo la extracción de testigos de sedimento o no, puesto que si hay olas muy altas, no es factible”, aclara Mariem Saavedra, que está incluida en tres grupos de trabajo: Sedimentología, Estratigrafía y CTD, con un horario que abarca desde las 16 horas a las 4 de la madrugada. “Aunque si alguien necesita algo urgente te llaman por teléfono y tienes que incorporarte inmediatamente: aquí se trabaja 24 horas sin parar”, agrega.