Social Sciences Spain , Salamanca, Thursday, February 09 of 2017, 10:08
11 DE FEBRERO, DÍA INTERNACIONAL DE LA MUJER Y LA NIÑA EN LA CIENCIA

Las mujeres en el IRNASA: desarrollando ciencia desde la igualdad

Cinco investigadoras del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca (CSIC) dan su testimonio con motivo del Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia

José Pichel Andrés/DICYT El próximo 11 de febrero se celebra el Día Internacional de la Mujer y la Niña en la Ciencia. La Asamblea General de la ONU lo ha promovido con el objetivo de dar una mayor visibilidad a la labor de las mujeres en las ciencias y de fomentar vocaciones entre las más jóvenes, que muchas veces se enfrentan a estereotipos que las alejan de la investigación. En España, numerosas iniciativas anticipan la celebración en estos días y muchos datos llaman la atención sobre el papel del género femenino en la ciencia.


Uno de ellos es que en el Consejo Superior de Investigaciones Científicas (CSIC), la institución científica más importante de España, solo el 17,5% de sus casi 130 centros de investigación está dirigido por una mujer. Es el caso del Instituto de Recursos Naturales y Agrobiología de Salamanca (IRNASA), cuya directora es Mar Siles, la primera en sus 60 años de historia.


“De forma consciente, no he encontrado obstáculos en mi carrera por el hecho de ser mujer, pero de manera inconsciente es probable que sí, que yo misma me los haya puesto o que lo hayan hecho otras personas sin querer”, afirma en declaraciones a DiCYT. “Aunque hay avances, quedan barreras que deben ser superadas”, añade.

 

La directora del IRNASA cita algunas investigaciones que evidencian el problema. En un estudio realizado en Suiza, Austria y Alemania en 2014, se apreció un sesgo en contra de las chicas en las evaluaciones de profesores de Secundaria a una pregunta sobre física. Los estudiantes eran ficticios y todas las respuestas eran iguales, pero en el cómputo global los 730 docentes participantes, que no sabían que formaban parte de un experimento sobre género, evaluaron mejor a los chicos.


Un artículo publicado en la revista PNAS en 2012 detecta un problema muy similar a la hora de cubrir un puesto de trabajo, en este caso, una plaza de jefe de laboratorio. Los currículos se enviaron a 127 miembros de facultades de biología, química y física. Las mujeres fueron juzgadas menos competentes y menos aptas para el puesto y se les ofrecieron sueldos inferiores. Al igual que en el ejemplo anterior, el resultado es independiente del género de la persona evaluadora, su edad, su categoría profesional y su área de trabajo, por lo que se concluye que el sesgo es inconsciente y no refleja hostilidad hacia las mujeres.
 

“En general, las chicas se sienten menos atraídas por las ciencias y no es una diferencia debida a sus capacidades”, comenta Mar Siles, “desde el inicio se les está inculcando que están menos dotadas que los chicos, los profesores desincentivan la vocación científica de las mujeres de forma inconsciente y automática, así que estamos perdiendo un potencial científico brillante”. En su opinión, “lo más peligroso es que el sesgo no es evidente, no lo vemos y creemos que no existe”.


“Yo no soy socióloga, no sé si hay que implementar políticas de discriminación positiva. En principio, parecen difíciles de aceptar en un sistema que se rige por méritos, pero luego ves que una mujer que tiene el mismo currículo está menos valorada, así que quizá habría que plantearse si es necesario hasta que los sesgos inconscientes dejen de existir”, señala.

 

Paridad en el instituto


No obstante, “el área de agrarias es una de las más paritarias del CSIC”, como demuestran las cifras del IRNASA. En el centro trabajan 74 personas y exactamente el 50% son mujeres, con una edad media de 42 años, inferior en cuatro años a la de los hombres. Entre el personal investigador predomina ligeramente el género masculino y entre el administrativo, el femenino. Además, en los puestos de responsabilidad actualmente destacan las mujeres no sólo en la dirección, sino también en la jefatura de los tres departamentos del instituto.

 

Avances


“Puede que las mujeres seamos más meticulosas y perfeccionistas, más metódicas y autoexigentes, pero está claro que influye mucho la personalidad”, apunta Rosa Morcuende, científica del IRNASA que investiga aspectos como la adaptación de los cereales al cambio climático. A la hora de ocupar puestos altos “no sé cuál es el problema, quizás es parte de nuestra cultura y las mujeres nos frenamos a nosotras mismas, porque la conciliación no ha sido fácil y se nos exige rendir en el trabajo y en la familia”.


Rosa Morcuende recuerda que en su etapa posdoctoral en Alemania, hace dos décadas, notó que la presencia de mujeres en la ciencia era mucho más importante que en España. “En el ámbito de los amigos, algunos no comprendían que me dedicase a algo que absorbe tanto tiempo. Aunque en mi generación ya habían cambiado las cosas, posiblemente hoy tienen un camino aún más despejado”, agrega.

 

Igualdad en el campo


Así lo corrobora Raquel Arroyo, ingeniera agrónoma y responsable de la finca experimental del IRNASA. “Yo no he notado nunca gestos machistas en el campo por el hecho de ser mujer, aunque conozco gente que trabaja en empresas del mundo agrario que sí lo ha sufrido a la hora de ascender”, afirma. No obstante, “la mujer siempre ha tenido que trabajar en el campo, además de en casa, y hoy en día hay muchas incorporándose a la actividad agraria”, algo imprescindible para mantener la vida en el medio rural.


Su única experiencia negativa en este sentido fue antes de incorporarse a la investigación pública. “En una empresa privada me preguntaron si pensaba quedarme embarazada. Creo que es una cuestión que afecta a toda la sociedad, poco a poco vamos avanzando hacia la igualdad, pero es obvio que aún no se ha conseguido”, comenta.

 

La importancia de la formación


La juventud femenina se deja notar en los laboratorios del IRNASA. Un ejemplo es el de Raquel Calvo, incorporada como técnico a través del Programa de Garantía Juvenil, que se encarga de desarrollar técnicas de laboratorio para analizar antioxidantes y fenoles en plantas, cereales y gramíneas. “Aquí el trato es muy igualitario y creo que todas estamos muy contentas con el trabajo que realizamos”, asegura.

 

“Pensamos que hay profesiones de hombres o de mujeres, pero en los últimos años en enfermería hay muchos chicos”, ejemplifica para romper tópicos. Aunque cree que aún falta por conquistar puestos de mayor responsabilidad para las mujeres, considera que su generación ya no tiene tantas trabas y que el verdadero reto está en facilitar educación a las mujeres de los países en vías de desarrollo. “Si pudieran formarse, con el conocimiento podrían llegar más lejos y cambiar la desigualdad en sus países”, apunta.


Desde Ecuador


En ello está María José Carpio, una joven ecuatoriana que realiza el doctorado en el IRNASA desde el pasado mes de octubre. Su tesis analizará el comportamiento de herbicidas en el campo para predecir la posible contaminación de aguas subterráneas. “Ecuador es un país mucho más machista, no tiene comparación”, declara. Aún así, cuando trabajaba allí había mayoría femenina en su laboratorio y su jefa era una mujer, así que en el ámbito de la ciencia no ha encontrado grandes diferencias en España.


Esta joven investigadora asegura que algún día le gustaría aplicar en su país el conocimiento adquirido, pero tampoco le importaría trabajar en cualquier otro lugar del mundo. Lo que tiene claro es que el hecho de ser mujer no va a frenar sus aspiraciones: “Para mí, lo primero es desarrollarme en el ámbito profesional”.