Health Spain , León, Thursday, December 03 of 2009, 15:05

El Ibiomed logra interferir un proceso molecular clave involucrado en el rechazo de órganos trasplantados

Los investigadores del instituto de biomedicina leonés frenan el canal de información de las células dendríticas a los linfocitos T

Antonio Martín/DICYT Cuando se realiza un trasplante, lo que más preocupa a los médicos es el rechazo del órgano. Generalmente, para evitar estas consecuencias negativas, en la práctica clínica se ha administrado al receptor fármacos inmunosupresores. El uso prolongado de estas drogas causa deterioro en estas personas y abre la puerta a infecciones oportunistas, al estar el sistema altamente inmunodeprimido. Desde hace unos 15 años, la Ciencia busca desarrollar fármacos más específicos.

 

Una investigación del Instituto de Biomedicina de la Universidad de León avanza en esta línea, al interferir a nivel molecular con la comunicación entre dos tipos de célula relacionados con el proceso de rechazo de un órgano. El grupo de Inmunología del Trasplante del Ibiomed tiene como objetivo último probar estrategias experimentales para prevenir el rechazo in vivo en modelos animales a través de distintas barreras de histocompatibilidad tisular en un proceso clave: el intercambio de señales que se producen entre las células dendríticas y las células T. El objetivo es actuar sólo en este proceso, para que el resto del sistema inmune permanezca estable ante las enfermedades a las que se enfrenta.

 

Los rechazos se producen porque el sistema inmune identifica diferencias tisulares entre individuos como antígenos extraños. “La naturaleza no pudo anticipar que los seres humanos fueran capaces de realizar trasplantes entre ellos”, indican gráficamente José Luis Rodríguez Barbosa y María Luisa del Río. Las diferencias tisulares percibidas por el sistema inmune como antígenos extraños son captados a través de las células dendríticas. Estas células degradan las proteínas en péptidos y se las presentan a las células T (linfocitos), a través de un canal de comunicación denominado complejo principal de histocompatibilidad o MHC (de sus siglas en inglés).

 

Hay células T de dos tipos: CD4 y CD8. Las primeros reconocen péptidos extraños en un MHC de clase II y las CD8 en el MHC de clase I. Al mismo tiempo que se produce la transmisión de información entre ambos tipos de células, hay interacciones que convierten a la célula T CD4 en productora de citoquinas proinflamatorias y a la célula T CD8 en citotóxica. “Ese intercambio de señales es necesario para que las células T tengan una función; sólo el hecho de presentarle el antígeno no confiere la funcionalidad”.

 

La molécula BTLA

 

La idea de los investigadores del Ibiomed es interferir la comunicación entre las célula dendrítica y la célula T con anticuerpos monoclonales y proteínas recombinantes solubles frente a las moléculas que se expresan en estas células. En el laboratorio, los científicos clonan esas moléculas por Biología molecular (a través de técnicas de ADN recombinante) y desarrollan los anticuerpos monoclonales. Estos se utilizaron en una primera fase in vitro para comprobar si la interrupción afectaba a la función de los linfocitos. Lo novedoso de la aportación del Ibiomed, según explica el experto, es que han logrado interferir la comunicación de una molécula, denominada BTLA, con sus ligandos en la célula dendrítica. Los resultados serán publicados próximamente en la revista europea Immunobiology. Los investigadores han iniciado ahora una experimentación en modelos animales (ratones) cuyos resultados concluyentes se obtendrán en el plazo de un año.

 

El fin último es producir anticuerpos monoclonales de uso terapéutico. “Este tipo de estrategias tienen un elevado grado de especificidad y, a diferencia de otras substancias, se pueden limitar los efectos colaterales”, explica el investigador. El trabajo se realiza en el Ibiomed desde 2007. Rodríguez Barbosa se conectó en esta línea en 1997 en el Hospital General de Massachusetts de la Universidad de Harvard.