Y los ordenadores cumplieron los deseos de los niños
Antonio Martín/DICYT Parece genético: los más pequeños se muestran generalmente más avezados con el ratón y una pantalla que nuestros mayores. No en vano, el 91'8% de los jóvenes españoles declara tener un nivel medio o alto de conocimientos en nuevas tecnologías y sólo un 7'8% lo considera bajo, según un informe reciente del Centro de Predicción Económica. Y la mayoría los ha conseguido de manera autodidacta, lejos de academias; un 55%, según el estudio de este centro de investigación económica creado a raíz de un grupo de profesores de la Universidad Autónoma de Madrid en 1981. "Ahora creemos necesaria una nueva forma de comprender la tecnología, que nuestros jóvenes pasen de ser usuarios a aprender a investigar en ella", afirma Tomás Castro, presidente de Aletic, la asociación que, junto con otras entidades, ha emprendido una labor titánica, pionera en España: enseñar precisamente programación informática a 535 escolares de quinto y sexto de Primaria y primero de la ESO de la provincia de León.
A orillas del río Potomac, en Washington DC, Morrison Schwartz, una compañía de software y consultoría ideó KPL (Kid's Programming Language, lenguaje de programación para niños, en inglés) y, más recientemente, Phrogram (que sería una segunda versión de KPL). Estos sistemas permiten el aprendizaje en la plataforma .NET, que ha desarrollado Microsoft. "Es muy parecida a los profesionales, como Java o C, pero sin la complejidad de éstos", explica a DiCYT Castro. Desde el comienzo del curso, ahora ya cerca del Sil y el Bernesga, en forma de clases extraordinarias, los 535 escolares de 21 colegios públicos, privados y concertados de la ciudad de León, su alfoz y Ponferrada han empezado a crear sus propios programas, que les sirve tanto para resolver problemas de física o matemáticas como para crear videojuegos con, por ejemplo, naves espaciales tridimensionales. La filosofía es sencilla: "Los ordenadores deben obedecer y realizar todo aquello que se puede imaginar", afirma el primer responsable de la Asociación Leonesa de Empresas de Tecnología de la Información y las Comunicaciones (ALETIC).
El aprendizaje, indica el técnico, puede ser considerado un paso preparatorio para quienes se dediquen en el futuro a la Ingeniería Informática: "Estructura al niño a usar un compilador y un lenguaje cercano al profesional, pero evolucionar es más sencillo. ¿Quién dice que no salga un Bill Gates gracias a ello?", se pregunta Castro. Aunque no quede en León un Silicon Valley infantil, el proyecto tiene otros objetivos transversales, como permitir a los educadores plasmar conceptos científicos o matemáticos de sus clases más fácilmente.
Soporte desde EE UU
En 2006, Aletic observó que la Administración Central estaba luchando por converger con el resto de la Unión Europea en materia de nuevas tecnologías, ya que "en cualquier aparato, desde un televisor a una videoconsola, encontramos una aplicación informática", indica Castro. Esta iniciativa que promovieron los empresarios del sector tecnológico leonés recabó importantes apoyos: el Ministerio de Industria, Turismo y Comercio a partir de su plan Avanza, fondos de la Unión Europea, el Ayuntamiento de León, la Consejería de Educación, el Instituto de Tecnologías de la Comunicación y la Universidad de León, en la parte pública, y los propios empresarios de Aletic y Telefónica, en la privada. Enseñar no es gratis, y hacerlo con las últimas tecnologías, menos. Por cada uno de los alumnos estas organizaciones se van a gastar 700 euros. Además, desde el comienzo, la consultora Morrison Schwartz proporciona apoyo y soporte a lo largo de todo el proyecto educativo.
Este esfuerzo es ya visible. Al terminar las clases, por las tardes y dos veces por semana, un grupo de nueve profesionales compuesto por ingenieros informáticos y con conocimientos pedagógicos se dirigen a las aulas de los centros educativos. Allí les esperan los alumnos, casi todos con un ordenador para ellos solos, y empiezan a desentrañar los enigmáticos lenguajes de programación. Al principio del curso, se les entregó material en una memoria USB, un dossier con los contenidos. Cada día, además, los asistentes incluyen en su guía un nuevo fascículo con conocimientos más avanzados. Los organizadores esperan que en marzo se tengan los primeros resultados de este proyecto piloto. Son optimistas, puesto que en junio ya está convocado el I Premio de Programación Infantil en Castilla y León para Niños Mayores de 9 Años.