Health Spain , Valladolid, Wednesday, March 04 of 2009, 17:46

Envejecimiento: un proceso biológico multifactorial

Artículo de opinión de María Dolores Ganfornina, investigadora del Instituto de Biología y Genética Molecular de la Universidad de Valladolid

DICYT Todos tenemos una idea aproximada de cuanto podemos vivir. Sabemos que no serán quinientos años, y que una vida corta viene siempre causada por una situación accidental o patológica. “Tenía cincuenta y tantos años... murió joven”, decimos. Pero también sabemos que algunas mariposas viven sólo un día, y que los elefantes viven mucho más que nosotros. Un ratón suele vivir tres años, pero una ardilla puede estar saltando de árbol en árbol hasta los veinticinco.

 

El envejecimiento es de hecho un proceso biológico enormemente diverso. Lo es incluso dentro del propio organismo, cuando miramos cuanto viven nuestras células, nos quedamos fascinados de cómo algunas neuronas pueden mantenerse vivas y “sanas” durante prácticamente toda nuestra vida, cuando otras células como las de la piel envejecen rápidamente y son sustituidas a gran velocidad.

 

Inicialmente se pensaba que el envejecimiento era una cuestión de deterioro, puramente estocástico, y regido solamente por las leyes de la entropía: un organismo es un sistema complejo y ordenado, que gasta energía para mantener ese orden, y que con el tiempo, y al azar, alguna parte de la maquinaria se estropea y el sistema tiende al desorden: la muerte. Sin embargo, todas las investigaciones actuales sobre el envejecimiento están mostrando una realidad muy distinta: Envejecer está regulado, controlado, y de manera bastante precisa por una serie de mecanismos que sólo recientemente estamos empezando a vislumbrar.

 

Una de las estrategias mas fructíferas para el entendimiento de los factores que regulan cuánto podemos vivir, es el uso de organismos modelo en los que podemos manipular su genomio. En el gusano Caenorhabditis elegans, la mosca del vinagre Drosophila melanogaster, o el ratón, Mus músculus, investigadores de todo el mundo han encontrado mutaciones que acortan o extienden la vida y que han dado pistas muy importantes para entender qué factores intervienen en esa regulación. Ahora sabemos que el envejecimiento está regulado hormonalmente. Muchos de estos mutantes alteran los sistemas de señalización endocrina, por ejemplo, las vías en las que interviene la insulina, un controlador central del uso de recursos energéticos conservado al menos en todos los metazoos. Existe un balance muy fino entre la regulación del metabolismo, el uso de nutrientes, y la longevidad.

 

Además, estos sistemas endocrinos también están relacionados con el grado de estrés ambiental al que está sometido el organismo. Una situación “estresante” para un organismo puede ser desde temperaturas extremas o falta de alimento, hasta un exceso de actividad física. Pues bien, existe una correlación altísima entre el grado de resistencia al estrés de un organismo y su longevidad.

 

Otro factor que se lleva investigando mucho tiempo en relación a la regulación de la vida media, es la reproducción. Se van acumulando datos que apuntan a que, una alta tasa de reproducción va asociada a una vida corta. La inversión de energía usada para producir la progenie, parece ir en detrimento de los mecanismos de resistencia al estrés y por lo tanto, de prolongar la vida. Sin embargo, aún hay mucho debate en este tema.

 

En la comunidad de científicos que estamos interesados en el envejecimiento, muchos somos los que, en concreto, estamos interesados por el envejecimiento del sistema nervioso. Muchas de las mutaciones encontradas en los organismos modelo que alargan la vida, también retrasan las enfermedades relacionadas con la edad, concretamente la neurodegeneración. Que la susceptibilidad a ciertas enfermedades neurodegenerativas y el envejecimiento natural estén gobernados por las mismas moléculas reguladoras es en cierto modo una ventaja para los investigadores que trabajamos en esto. Es posible que podamos “matar dos pájaros de un tiro”. Del mismo modo que en la investigación en envejecimiento se ha cambiado de la idea de un deterioro pasivo a la de “proceso finamente regulado”, en el entendimiento de enfermedades como el Alzheimer, el Parkinson o la Esclerosis múltiple está ocurriendo lo mismo. Son temas fascinantes de investigación, no sólo por lo que podamos llegar a entender del maravilloso proceso de vivir y morir, sino por las posibles aplicaciones para la salud humana. A todos nos gustaría vivir más, pero, eso sí, en buenas condiciones.