Environment Colombia , Antioquia, Friday, October 02 of 2020, 09:31

Tras los repertorios vocales del delfín mular

Los sonidos emitidos por los delfines nariz de botella portan datos sobre sus costumbres y desplazamientos. Jessica Patiño Pérez, bióloga egresada de la Universidad de Antioquia, estudia las sonoridades y formas de relacionarse de esta especie

UDEA/DICYT Jessica Patiño Pérez creció en medio de las montañas que circundan a Medellín, pero los delfines —tan lejanos de este lugar— fueron su pasión desde la infancia. Hoy, la ahora bióloga y egresada de la Universidad de Antioquia se dedica a estudiar las sonoridades de estos mamíferos, interesada en particular en la especie Tursiops truncatus, conocida también como delfín mular o nariz de botella.

 

Las vocalizaciones de los delfines son como un sello distintivo, mediante ellas pueden comunicarse con sus parientes y grupos. Además, les permiten orientarse y localizar a sus presas. Los sonidos emitidos por sus especies se relacionan con su identidad y destrezas.

 

"Tursiops truncatus está en todos los mares del mundo, exceptuando a los que rodean la Antártica. También es muy común verlos en los museos o en los acuarios. Es una de las especies más afectadas por las dinámicas del turismo por sus hábitos costeros", explicó Patiño Pérez, quien en la actualidad es estudiante del doctorado en Biología de la Conservación de la Universidad de Massey, en Auckland, Nueva Zelanda.

 

La abundancia de esta especie en el mundo es inversa al riesgo crítico que vive en los mares de ese país, ya que allí no se reproducen mucho entre ellos y las poblaciones son muy pequeñas. "En Nueva Zelanda las poblaciones se han reducido mucho en los últimos diez años —explicó—. Sobre todo, en el caso de la población que está en el sur, en Fiordland,estas tienen un estado de conservación particular en el mundo: en peligro crítico".

 

¿Cómo llegó una colombiana hasta allí? Su interés tanto en las vocalizaciones —emisión de sonidos— de estos delfines como en las redes sociales que establecen entre su misma especie, tuvo como punto de partida a la Universidad de Antioquia, donde estudió el pregrado de Biología y conoció al profesor Sergio Solari Torres, quien acompañó a la joven estudiante en sus iniciales investigaciones sobre la especie delfín grís —Sotalia guianensis— en el golfo de Urabá.

 

"Poco se sabía del tema en Colombia, pero los habitantes del sur de Urabá aseguraban que los veían frecuentemente. Movimos todas las instancias posibles para alquilar lanchas e ir a verlos —recordó Solari Torres—. La perseverancia y pasión de Jessica derribaron los obstáculos y le dieron buen fruto: una investigación sobre la presencia de esta especie en las bahías de Turbo, en la desembocadura del río Atrato".

 

Al finalizar su pregrado, la joven bióloga hizo una pasantía en Brasil para estudiar los delfines de las especies tonina —Inia geoffrensis— y tucuxi —Sotalia fluviatilis—. Nueve meses en medio de la selva, sin internet ni televisor, la llevaron a concentrarse en la metodología de campo y de análisis sobre el comportamiento de estos delfines. Tras esa experiencia, una beca Colfuturo la llevó a Nueva Zelanda a estudiar la maestría, con la que pudo acercarse a los efectos de las acciones humanas en los cetáceos de este país de Oceanía.

 

Su experiencia académica le ha permitido observar la incidencia del ruido antrópico en los cetáceos que viven en las costas de Nueva Zelanda y evaluar las políticas y restricciones para la protección de la fauna marina.

 

El turismo es un gran amenaza para los mamíferos marinos y las medidas para restringir los efectos de las acciones humanas en la vida marina son poco eficaces. «¿De qué sirve que le pongan restricciones solo a los botes comerciales, en una región en la que casi todas las familias tienen botes?», cuestionó Patiño Pérez, para quien, además, las políticas ambientales y los planes de manejo no pueden estar limitadas por la geografía; las medidas de conservación de especies, señaló, deben ser globales, ya que la fauna marina no reconoce naturalmente los límites impuestos por los humanos.


Análisis acústicos

 

El universo sónico de los cetáceos es sorprendente. Su amplitud es tal que muchas de las canciones de los delfines no pueden ser escuchadas por el oído humano, cuyos límites en el espectro audible oscilan entre las frecuencias de 20 hercios a 20 kilohercios. Más allá de estas medidas vienen los ultrasonidos, que ellos emiten y solo pueden estudiarse a través de programas de análisis acústicos que virtualizan el sonido para generar una idea de cómo pueden ser.

 

De acuerdo con Patiño, los sonidos emitidos por delfines son de tres tipos:

 

Silbidos: los más comunes. Los delfines los utilizan para comunicarse y pueden ser escuchados por humanos. Las evidencias muestran diferencias entre los delfines que viven en el norte y en el sur de Nueva Zelanda, sobre todo en cuanto a la amplitud y la frecuencia. En estos momentos se está evaluando si estas diferencias se deben a sus estructuras sociales, a variables ambientales —como la temperatura y la profundidad— o a características físicas del área que habitan, dado que el norte es más cálido y el sur es frío.

Clics: son vocalizaciones utilizadas para ecolocalización y para encontrar a sus presas, ya que al emitirlas rebotan en la presa del delfín, vuelven a él y le dan una idea del entorno.

Ráfagas de pulso: según Patiño se dan en contextos sociales y emocionales, pero también las utilizan para comunicación. Han sido los menos estudiados. «Estos mamíferos marinos pueden hacer clics y pulsos al mismo tiempo».

 

"El lenguaje en humanos tiene variaciones, así mismo el de los delfines —explicó Patiño Pérez—. Como hay palabras que alguien pronunció diferente y así pasaron a la historia de cierta región; estos mamíferos también pueden generar cambios en su lenguaje".

 

Otro aspecto en el que profundiza su investigación es en las redes sociales de esta especie, ya que son animales que viven en grupo. A través de la fotoidentificación, que consiste en tomar fotos a las aletas dorsales de estos delfines, ha podido identificar a los individuos, saber a qué grupos pertenecen y conocer su historia de vida en la isla Norte de Nueva Zelanda —Te Ika ā Maui—.

 

"Los grupos no son constantes todo el tiempo, cuando están forrajeando forman grandes grupos, y cuando descansan, otros más pequeños. Cuando pasan poco tiempo en un área, sé que son transitorios, pero conozco tres animales que siempre están juntos en esa misma área", narró.

 

En el caso del Tursiops sp., o delfín nariz de botella, propia de la costa occidental de Australia, tiene prácticas sociales arraigadas; por ello, forman alianzas muy complejas entre machos, tanto que pueden ser comparadas con las de sociedades humanas. Se trata de una relación que dura de por vida. Pero su interacción no se restringe a su especie, también hacen grupo con las falsas orcas, por ejemplo, ya que hay muchas otras especies con las cuales también forman grupos mixtos.