Science Spain , Valladolid, Tuesday, September 07 of 2004, 15:02

Un profesor de Valladolid podría participar en la misión de la NASA encargada de poner un hombre en Marte

Fernando Rull, colaborador de la entidad, sabrá en qué consistirá su trabajo este mismo mes

Beatriz G. Amandi/DICYT El profesor del área de Cristalografía y Mineralogía de la Universidad de Valladolid, Fernando Rull Pérez, podría ampliar su solaboración con la NASA a partir de este mes, cuando se decida en qué consistirá su aportación al proyecto Aurora de la entidad, el mismo que tratará de llevar el primer hombre a Marte. Rull es colaborador habitual de la NASA mediante una unidad asociada al Centro de Astrobiología de Madrid, a través del cual se realizan estas colaboraciones.

¿En qué consisten las colaboraciones que ustedes suelen realizar con la NASA?
Nuestro papel es muy pequeño e indirecto. Nosotros somos un grupo de trabajo asociado al Centro de Astrobiología de Madrid y pertenecemos al CSIC. Este centro de Astrobiología es, a su vez, asociado de la NASA. Partiendo de esta base, nuestras colaboraciones tienen que ver con la espectroescopia RAMAN, que es el campo en el que desarrollamos nuestro trabajo. Lo que solemos hacer son trabajos que nos encargan en materia de análisis de materiales, como desarrollo de instrumentos espectrópicos destinados a realizar estos análisis en el espacio. En estos momentos estamos pendientes de que se decida quién realiza algunos de los trabajos que se van a necesitar para el programa Aurora, que será el encargado de poner un hombre en Marte. Se trata de una misión a muy largo plazo, pero quizá formemos parte de ella.

¿Por qué es tan importante la misión tripulada?
Hay varios modos de enfocar la exploración y el interés de la búsqueda de la vida, pero dentro de ella está también la de continuar explorando la composición de los planetas, porque así se podría hallar algún vestigio de vida, que es lo que se valora extraordinariamente. Lo que se busca no es vida como nosotros, sino vida en forma de pequeños microorganismos. En realidad, lo que se hace es analizar escenarios donde se pudo desarrollar la vida en algún momento. En estos momentos, esto está resultado difícil en Marte, puesto que se encuentra recubierto de una gran cantidad de polvo que enmascara los minerales que hay en el fondo. Sin embargo, hay que tener claro que si se quiere explorar fielmente es necesario enviar misiones tripuladas.

¿Se puede pensar que en el futuro se podrán utilizar algunos planetas como fuentes de materiales o minerales para la tierra?
En el desarrollo de las misiones existen tres estrategias básicas. La primera se basa en el estudio de los meteoritos: su composición, mineralogía, historia físico-química, hipótesis acerca de su origen, etc. Esto es porque en los meteoritos se puede ver los diferentes procesos geológicos por los que ha pasado y los efectos que ha podido hacer el agua en ellos. En este sentido se busca, sobre todo, carbonatos y sulfatos, porque se asume que se han formado por precipitación en agua, al igual que las transformaciones que pueden haber realizado los óxidos.

¿Cuáles son las otras dos?
El segundo de los pasos en Investigación es encontrar análogos en la Tierra que puedan reproducir las condiciones de los planetas, con la finalidad de experimentar para ver los posibles efectos y desarrollos de los materiales. En este sentido, el lugar por excelencia para desarrollar los experimentos, por sus características, ha venido siendo la Antártida; pero en España contamos también con un espacio de características similares, que son las Minas de Río Tinto. La última de las fases sería ya la exploración directa de los planetas, con espectrómetros de masas.

¿Piensa usted que se justifican los enormes gastos que suponen estas misiones con la única finalidad de encontrar vida?
Es que no sólo tienen esa finalidad. En el espacio exterior se realizan numerosos experimentos científicos, se desarrollan nuevas tecnologías, que también son de aplicación en diferentes ámbitos de vida y que suponen avances en diferentes campos. De hecho, la labor de los técnicos es muy importante en estas misiones.

¿En qué se basan ustedes para determinar que hay o no hay agua en un planeta?
Los análisis de los meteoritos demuestran la cantidad de calcita o aragonito (son dos carburantes cálcicos) que han sufrido alteraciones en el cinturón de asteroides, acusa también el tipo de formación de la roca y la medida en que el agua ha tenido algo que ver. Sin embargo, damos por hecho que la formación de minerales evaporíticos se debe a la evaporación acuosa, cuando se podría dar el caso que su formación se debiera a otro tipo de reacción con compuestos entre los que no estuviera el agua. Esto desmontaría las teorías que se utilizan habitualmente, y supondría tener que revisar el uso de los minerales como índice de que ha habido agua. Yo pienso que hay más agua ahí fuera de lo que se supone.

¿Cuál es el último meteorito que han analizado?
El meteorito de NACLA, que es de procedencia marciana. Se trata de un trabajo que se ha realizado durante dos años y que finalizó el año pasado. Hemos podido estudiarlo detenidamente mediante espectroescopia y hemos analizado los componentes minerales que tiene. Hemos encontrado carbonatos marcianos con microglóbulos de calcita perfectamente definido que no se habían descrito antes. Además, un meteorito marciano es algo poco usual, pero que aporta mucha información, puesto que para que haya salido es necesario que se haya producido un impacto. De esta forma, y en principio, cabe suponer que tiene restos del interior del planeta.