Nutrition Spain , Salamanca, Tuesday, April 05 of 2005, 16:32

Este fin de semana comienza la tercera fase del censo del águila perdicera en la región

Castilla y León ha perdido más de la mitad de la población de águila perdicera en la última década

Ana Victoria Pérez/DICYT Castilla y León contaba en 2002 con una población de águila perdicera de entre 18 y 26 parejas. Una cifra muy distante de la registrada en 1992 cuando, según datos de la Sociedad Española de Ornitología (SEO), en la región podían observarse entre 40 y 44 parejas de estas aves, lo que supone una reducción en las poblaciones de más del 50%. Unas cifras que volverán a actualizarse a finales del mes de mayo, cuando los ornitólogos y técnicos de SEO Birdlife hayan concluido la última fase del censo nacional de águila perdicera que comienza el próximo fin de semana.

Según ha explicado el experto Joan Real a DICYT, "el águila-azor perdicera ha desaparecido prácticamente en toda la Meseta Norte, conservándose algunos reductos en Castilla y León, donde en 1970 podían contabilizarse poblaciones boyantes en diversos cañones fluviales de Segovia y Soria". Otro de los reductos importante se ubicó en Burgos, donde en la década de los 80 se llegaron a contabilizar hasta 20 parejas, cifra que se redujo a cinco tras el último censo realizado en 2002. Según advierte Joan Real "la desaparición paulatina de esta población está relacionada con la falta de alimento, especialmente con la ausencia de conejo de monte y perdiz roja. Todo ello deviene además en una baja tasa reproductiva".

En la actualidad el reducto castellanoleonés en el que se conserva una población más numerosa de águilas perdiceras se asienta en el paraje de las Arribes del Duero, entre las provincias de Salamanca y Zamora, que a su vez limitan con la región portuguesa de Tra-os-Montes.

Nuevos nacimientos 

Desde el próximo fin de semana y hasta el día 30 de mayo se pone en marcha en todas la regiones españolas la tercera fase del censo nacional de águila perdicera, organizado por la Sociedad Española de Ornitología. Durante estos dos meses ornitólogos y voluntarios realizarán varias salidas de campo para realizar una estimación del número de individuos que sean avistados, prestando especial atención a la tasa de vuelo, o al número de polluelos que en estos momentos comienzan a abandonar el nido.

Estos datos se cruzarán con los recogidos durante los meses de febrero y marzo, durante los que se identificaron los nidos de estas aves y se realizó un control de la reproducción, confirmando si se producía la incubación de los huevos o el abandono de la puesta.

La primera fase del censo tuvo lugar a comienzos del mes de enero y se prolongó hasta el día cinco de marzo pasado, y durante el transcurso de la misma se realizaron incursiones para identificar los territorios ocupados por el águila perdicera, el número de ejemplares que lo habitaban antes del periodo reproductivo y la edad de los ejemplares identificados.

Según han advertido a DICYT Juan Carlos del Moral, coordinador del censo y miembro del Área de Estudio y Seguimiento de Aves de Seo BirdLife "aunque los trabajos de campo necesarios para elaborar el censo concluyen a finales del mes de mayo, los datos sobre del estudio no estarán disponibles hasta después del verano, ya que técnicos y voluntarios requieren cierto tiempo posterior para completar las fichas y el material nos está llegando a la sede de SEO hasta mediados del mes de agosto".


 

El 75% de la población europea
A pesar de la reducción que ha experimentado la población de águila perdicera en España durante los últimos años, el territorio nacional alberga un 75% de losejemplares europeos, lo que supone entre 733 y 800 parejas. Por comunidades autónomas el águila perdicera se asienta especialmente en Andalucía, Extremadura, Valencia y Castilla la Mancha, mientras que abandona paulatinamente la Meseta Norte. Según explica Joan Real, "las causas del deterioro que han sufrido las poblaciones tienen su origen en la desaparición de recursos cinegéticos como el conejo o la perdiz, que forman parte esencial de su dieta. La falta de alimento repercute en una tasa reproductiva menor, lo que unido a las trampas con veneno, a los casos de electrocución en torretas de alta tensión y a una pérdida paulatina del hábitat hace que cada vez sea más difícil ver volar a estos animales". En la actualidad la especie está oficialmente considerada en peligro y forma parte del libro rojo de las aves que edita la Sociedad Española de Ornitología.